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UEM / Se confirma el cambio positivo de la señal cíclica

Publicado el 29/06/2020

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El Índice de Sentimiento Económico elaborado por la Comisión Europea (CE) vuelve a registrar en junio una nueva subida, aunque todavía sigue en niveles deprimidos. El levantamiento de las restricciones se ha ampliado y generalizado en junio, incluyendo aquellas que afectaban a la movilidad entre países. Precisamente, esta mayor movilidad es uno de los principales riesgos para el control de la epidemia y aumenta el riesgo que deba darse marcha atrás en alguna de las medidas adoptadas.

El ISE para la UEM registra en junio una significativa recuperación (75,7 vs 67,5), mejoría que es generalizada por países y sectores y, además, este incremento de la confianza de los agentes lleva aparejado una notable mejora del Índice de Expectativas de Empleo (82,8 vs 70,1) aunque sin recuperar los niveles previos al Covid-19 (en enero y febrero superaba niveles de 105, claramente expansivos y compatibles con creación de empleo).

Más allá de las cifras globales resulta interesante analizar el comportamiento que están mostrando los diferentes componentes de los índices de confianza. Para el caso de los consumidores, se puede destacar que se anticipa una mejora de la situación económica en los próximos 12 meses, si bien esto apenas eleva sus expectativas de compras futuras (el porcentaje de los que declaran que no comprarán superan en 17 p.p. a los que prevén un aumento de su gasto), lo que refuerza las expectativas de un aumento del ahorro en la UEM durante este año. Según datos del BCE, los europeos aumentaron ya en marzo sustancialmente su ahorro en forma de depósitos bancarios, hasta niveles muy por encima de su media de largo plazo, y es posible que este movimiento se refuerce en abril (los alemanes fueron la excepción, dado que han respondido a la crisis acumulando efectivo).

Lo más probable es que la mayor parte de este ahorro sea involuntario, consecuencia de las medidas de distanciamiento social y confinamiento impuestas durante el peor momento de la pandemia, lo que limitó significativamente la capacidad de gasto de los hogares. También una parte se explicaría por motivos de precaución, relacionados con temores económicos, dadas las malas previsiones de crecimiento y el fuerte aumento que se espera de la tasa de paro. Es previsible que, a corto y medio plazo, estos efectos asociados a la involuntariedad y la precaución sean dominantes y que este año veamos una subida significativa en el ahorro en la UEM. La Comisión Europea, en su informe de primavera, ya preveía un fuerte aumento de la tasa de ahorro de las familias en 2020 en la UEM, hasta máximos históricos del 19,4% de su renta disponible, tras el 12,8% de 2019. No obstante, a largo plazo, el comportamiento del ingreso disponible será seguramente mucho más determinante para la evolución del ahorro. Por ejemplo, según un estudio del BCE, en el periodo 2009-2013, durante la última crisis (superposición de la crisis financiera y soberana), en los países de la UEM que registraron pérdida en el ingreso disponible (Austria, Grecia, España, Irlanda, Italia, Países Bajos y Portugal), la tasa de ahorro solo aumentó de forma destacable en Portugal (+5,7 p.p.) e Irlanda (+1 p.p.), mientras que permaneció casi estable en España (+0,1%), descendió 1,8 p.p. en países bajos, 2,6 p.p. en Italia, 4,5 p.p. en Austria y 15,6 p.p. en Grecia, el país más afectado. El papel del ahorro precautorio puede ser solo temporal en un contexto de excepcional y posiblemente duradera caída del ingreso: no solo hay que querer ahorrar sino también poder hacerlo. Esto explica que la propia Comisión anticipe que ya en 2021, la tasa de ahorro caiga hasta el 14,5%.

Respecto al sector servicios, el gran damnificado de esta crisis, las perspectivas siguen mejorando, aunque desde niveles muy bajos y confirmando que, si bien parece que lo peor ya ha quedado atrás, aún queda un largo camino que recorrer: el porcentaje de los que opinan que la situación irá a peor todavía supera en 36 p.p. a los que apuestan por una mejora, 8 p.p. menos que en los mínimos de mayo. De hecho, en España, Italia y Francia, el porcentaje de "pesimistas" supera en un 40 p.p. al de "optimistas". Teniendo en cuenta que en estos tres países el peso del sector servicios es muy elevado (supera el 70% del PIB) se entiende que sean las economías que concentran las perspectivas de crecimiento más débiles de la región.

Respecto a la industria, la confianza remonta tímidamente en junio y alcanza niveles de finales de 2009. El sector ya se encontraba en una situación delicada antes de la entrada en escena del Covid-19, que se ha visto agravada por la parálisis de la actividad global y la contracción del comercio mundial.  

En balance, el comportamiento del ISE se suma al de otros indicadores de confianza empresarial y parece confirmar un cambio a positivo en el ciclo, con lo cual se puede suponer que lo peor de la crisis ha quedado atrás. Sin embargo, no conviene caer en una complacencia excesiva: la recuperación parte de niveles de actividad muy bajos y el rebrote de la enfermedad en una región de Alemania y en Lisboa ha obligado a confinar de nuevo a la población de estos lugares, lo que alerta de la elevada probabilidad de tener que revertir alguna de las medidas de apertura en curso. Ante la ausencia de vacuna, la futura evolución de la economía vendrá determinada por la evolución de la epidemia, lo que eleva significativamente la incertidumbre. La respuesta política de la UE a la crisis ha sido más rápida y de mayor calado que durante la crisis financiera, pero habrá que esperar al 17 de julio para saber si se llega a un acuerdo sobre el fondo de rescate europeo, lo que permitiría que se liberasen parte de las ayudas ya en verano.

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