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UEM / La inflación también acusa el impacto del coronavirus

Publicado el 03/03/2020

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La inflación general cayó en febrero, acusando el fuerte descenso del componente de energía, que refleja el notable ajuste de los precios del crudo provocado por la expansión del coronavirus. La evolución de la epidemia será determinante en el comportamiento de la inflación: previsiblemente, a corto plazo, predominarán los riesgos a la baja derivados del shock negativo de demanda, aunque posteriormente pueden aparecer tensiones alcistas derivadas de las interrupciones en la oferta global.

Según datos preliminares de febrero, la inflación de la UEM cayó 0,2 p.p. hasta el 1,2%, mientras que la subyacente aumentó 0,1 p.p. hasta el 1,2%. El análisis por componentes muestra que la caída en la inflación general se explica, en su totalidad, por el descenso de la partida de energía (-0,3 % vs 1,9%), que pasa de aportar 0,2 p.p. a la inflación en enero, a restar 0,03 p.p. en febrero. Por su parte, la inflación en servicios repuntó 0,1 p.p., hasta el 1,6%, lo que, sumado al aumento de 0,2 p.p. de la inflación de bienes industriales no energéticos, explican el aumento de la inflación subyacente.

La evolución de la epidemia del coronavirus será determinante para el comportamiento de la inflación y todo apunta a que, al menos en los dos próximos meses, predominarán los riesgos a la baja. Los precios del crudo siguen cayendo (casi un 21% en el año) a consecuencia del deterioro de las expectativas de crecimiento por la propagación del coronavirus. Además, la irrupción del coronavirus en Europa todavía es bastante incipiente y podría afectar a la campaña de Semana Santa, que este año cae en abril. Los temores están provocando cancelaciones y un freno de nuevas reservas, por lo que los precios de los paquetes turísticos, hoteles y otros alojamientos o los billetes de avión están cayendo. Si en los años previos, la partida de servicios registraba una importante subida, precisamente por este "efecto Semana Santa", este año puede ocurrir todo lo contrario. En consecuencia, es posible que la inflación se sitúe en marzo y abril cerca del 1,0%.

Si la alerta sanitaria se prolongase, o agravase, y no hubiese suficientes inventarios en stock que garanticen la continuidad en las cadenas de suministro globales, podríamos asistir a un shock global inflacionista: los cierres prolongados de las fábricas podrían conducir a escasez y aumentar los precios de los productos manufacturados. Cuando la oferta se reduce, los precios pueden acelerarse incluso en un escenario de debilitamiento pronunciado, como ocurrió en los 70. No obstante, hoy por hoy, estamos todavía lejos de considerar este riesgo como una amenaza con una probabilidad relevante, al menos en términos globales, dado que el mundo de hoy no se parece en nada al de los 70 y la inflación permanece dormida.

En lo que respecta al BCE, vemos poco probable que mueva los tipos de interés en los próximos meses, pero sí podría adoptar alguna medida de apoyo a los mercados para sortear este nuevo shock; por ejemplo, reforzar su programa de compra de activos, primando más los bonos corporativos, dada la reciente fuerte ampliación de sus primas de riesgo (la mayor desde 2011) y la parálisis en la actividad emisora.

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