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UEM / La inflación sigue en terreno negativo, aunque podría estar infraestimada

Publicado el 01/12/2020

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La inflación general se mantuvo en noviembre por cuarto mes consecutivo en terreno en negativo. Además, la caída que sufrirá la actividad a consecuencia del impacto de las últimas medidas impuestas para controlar el avance de la pandemia y la debilidad de los precios del crudo introducen importantes riesgos a la baja para la inflación en el corto plazo, dando más argumentos a la parte “dovish” del BCE en favor de aumentar los estímulos en diciembre.

Según datos preliminares, en noviembre la inflación de la UEM se mantuvo, por tercer mes consecutivo en el -0,3%, encadenado ya cuatro meses en valores negativos. La subyacente, por su parte, se mantiene por tercer mes consecutivo en mínimos históricos del 0,2%.

Por componentes, la inflación en servicios sube muy tímidamente (0,6% vs 0,4%), mientras que en los bienes industriales no energéticos vuelve a descender (-0,3% vs -0,1). No parece factible un cambio brusco de tendencia de estos dos componentes en el corto plazo ya que incorporan bienes y servicios pertenecientes a los sectores más afectados por las medidas restrictivas en vigor. Por su parte, la partida de energía intensifica su ritmo de caída interanual (-8,4% vs -8,2%) y vuelve a restar, 0,8 p.p. a la inflación general, por tercer mes consecutivo.

Por otro lado, el número de países con tasas de inflación negativa se sitúa en 11, al igual que en octubre. Entre las grandes economías, la inflación se hace más negativa en Alemania (-0,7% vs -0,5%), menos en Italia (-0,3% vs -0,6%) y se mantiene en los mismos valores negativos en España (-0,9%). Francia sigue destacando por ser la única que se mantiene en registros positivos, aunque próximos a cero (0,2% vs 0,1%), a pesar de ser una de las economías que más sufrirá el impacto de las restricciones de noviembre sobre la actividad.  

Sin embargo, los datos oficiales pueden no estar reflejando bien la intensidad de la subida de los precios ya que nos encontramos en una situación en la que los hábitos y patrones de consumo se han modificado a consecuencia de la pandemia. Recordemos que la inflación se calcula a través de la variación de los precios de una cesta de bienes y servicios que representan el patrón de gasto de un consumidor medio. Los componentes de esta cesta y los pesos (proxy del porcentaje que representan del gasto total) se revisan una vez al año. Por tanto, el cálculo de la inflación a día de hoy responde a un patrón de consumo previo a la irrupción del Covid y completamente diferente al del momento actual.

Por ejemplo, las restricciones a la movilidad y los cierres perimetrales han reducido, a la mínima expresión, el gasto en viajes, en restaurantes y en ocio, partidas que antes de la pandemia tenían un peso cercano al 14%. Asimismo, el aumento del teletrabajo ha reducido el gasto en transporte (pesaba casi un 3,0%) y ha reducido significativamente el gasto en vestido y calzado (representaban casi un 6,0%). Estas partidas, que representaban entre un 25%-30% del total del gasto de las familias antes de la pandemia, ya tendrían desde marzo un peso sustancialmente menor en la cesta de la compra post-pandemia (algunos, incluso cercano a cero) y hay muchos otros casos similares. Además, los precios de las partidas que conforman estas partidas son las que han sufrido el ajuste a la baja más acusado a consecuencia de la pandemia. Por el contrario, partidas como alimentación, muebles y utensilios para el hogar o gastos en salud han visto disparado su consumo, lo que habrá incrementado sustancialmente su peso dentro de la cesta de consumo respecto a casi el 30% que suponían antes de la pandemia y, además, son las rúbricas que registran un aumento sustancial de los precios. Por tanto, estamos evaluando la situación actual de los precios con una cesta de consumo que recogía unos patrones de consumo previos a la pandemia. Según estimaciones del BCE, la inflación "real" podría ser casi 0,2 p.p. superior a lo que recogen las estadísticas oficiales.

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