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UEM / La inflación cae a terreno negativo y el empleo sigue sostenido artificialmente

Publicado el 01/09/2020

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La inflación general cayó con fuerza en agosto y se situó en valores negativos por primera vez en casi cuatro años. La debilidad que se anticipa para los precios del crudo, la delicada situación que atravesará el mercado de trabajo en los próximos meses, el exceso de oferta que existe en ciertos sectores de la economía y las perspectivas de que el PIB no recupere niveles preCovid, al menos, hasta finales de 2021, suponen importantes riesgos a la baja para la inflación en los próximos meses. Por otra parte, el incremento de la tasa de paro sigue siendo “minúsculo” comparado con la excepcionalidad de la caída de la actividad. Las ayudas públicas han roto la relación cíclica entre el PIB y el mercado laboral, al menos temporalmente. .

Según datos preliminares de agosto, la inflación de la UEM cayó 0,6 p.p., hasta el -0,2%, primer registro negativo desde mayo de 2016. La bajada temporal del IVA en Alemania y el cambio estacional que se ha producido en los precios de la ropa por la pandemia (excepcional subida en julio, con retraso, que se ha corregido en agosto) son los dos principales factores que han acentuado esta caída.

La inflación subyacente cayó 0,8 p.p., hasta el 0,4%, nuevo mínimo histórico. Por componentes, el que sufre el descenso más pronunciado es el de bienes industriales no energéticos (-0,1% vs 1,6%), que deja de aportar a la inflación, después de contribuir con 0,4 p.p. a la inflación de julio. La inflación en servicios sigue moderándose (0,7% vs 0,9%) y, dado que es el sector más afectado por la adopción de medidas restrictivas para frenar el avance de la pandemia (cierre de ocio nocturno, limitaciones de aforo en locales, prohibiciones/restricciones de viajar a ciertos países, etc) no cabe esperar una recuperación significativa de sus precios. Por otro lado, el componente de energía anota el séptimo mes consecutivo en tasas interanuales negativas (-7,8% vs -8,4%) y vuelve a restar 0,8 p.p. a la inflación.

Por otro lado, aumenta el número de países con tasas de inflación negativa hasta 12, de un total de 19, cinco más que en julio. En las grandes economías, sigue en negativo en España (-0,6% vs -0,7%), vuelve a terreno negativo en Italia, tras el repunte del mes previo (-0,5% vs 0,8%); y se sitúa en valores negativos por primera vez desde mayo de 2016 en Alemania (-0,1% vs 0,0%). Por su parte, en Francia, aunque desciende con fuerza, logra mantenerse en terreno positivo (0,2% vs 0,9%).

Las perspectivas para la inflación apuntan a que se mantendrá próxima a cero o ligeramente en negativo a corto plazo. El aumento de los contagios en buena parte de la UEM amenaza con debilitar sustancialmente, e incluso truncar, la mejora que los datos de alta frecuencia venían mostrando desde mayo.

Este deterioro de la actividad y el enfriamiento de las expectativas de recuperación representan un importante riesgo para la futura evolución del mercado de trabajo. Hasta la fecha, la aplicación generalizada en la mayor parte de países europeos de mecanismos temporales de regulación de empleo (los trabajadores sujetos a estos esquemas se consideran ocupados, según la metodología de Eurostat) ha permitido que la tasa de paro de la UEM haya aumentado muy poco, sobre todo si atendemos a la evolución seguida por el desempleo en EEUU, por ejemplo: en julio se situó en el 7,9%, frente al 7,4% de inicio de año, pese a que el PIB ha retrocedido en la primera mitad del año más de un 15%. Sin embargo, es necesario que la actividad recupere los niveles que tenía antes la pandemia para que se puedan mantener los puestos de trabajo actualmente afectados por estos sistemas de regulación de empleo.

Las perspectivas no son muy positivas, una vez que finalicen los diferentes programas de regulación de empleo. Según estimaciones del BCE, en periodos de recesión, la elasticidad empleo-PIB se sitúa cerca de 1,5. Esto quiere decir que, si a comienzos de año se registraban unos 152 millones de empleos en la UEM, la caída de más de un 8,0% que anticipamos para el PIB en 2020 implicaría una pérdida de empleo del 12% (unos 18 millones de puestos de trabajo) que, sin el apoyo público, conllevaría un ascenso de la tasa de paro por encima del 15% a finales de año (12% fue el anterior máximo, alcanzado en 2013, cuando la economía todavía estaba acusando el impacto de la crisis de deuda sin haberse recuperado de la crisis financiera).

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