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La guerra comercial de Trump ya es una amenaza creíble

Publicado el 11/07/2018

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La amenaza proteccionista ha ido a más en las últimas semanas, con la administración Trump aumentando sustancialmente la presión sobre sus principales socios comerciales: China, UE, Canadá y México. A la renegociación del Nafta y a los aranceles ya aplicados sobre lavadoras, paneles solares, acero y aluminio se ha sumado un arancel del 25% sobre 50.000 millones de importaciones chinas (ya efectivo sobre 36.000 millones y en las próximas semanas sobre el resto).

Además, está sobre la mesa imponer adicionalmente aranceles del 10% sobre, al menos, otros 400.000 millones de importaciones de China, y del 25% a 335.000 millones de importaciones de autos y componentes. En balance esto supondría gravar al 30% de las importaciones totales estadounidenses (4,4% del PIB nominal y 6,2% del consumo) con un tipo aproximado del 17,5%. Como consecuencia, el arancel medio efectivo se incrementaría desde el 1,6%, vigente en 2017, hasta el 6,7%, situándolo en máximos desde los años 70. Por su parte, China, la UE, México y Canadá han respondido a las medidas estadounidenses con algunas iniciativas arancelarias, pero, por el momento, poco significativas en cuanto al volumen de comercio afectado, confiando seguramente en la posibilidad de llegar a un acuerdo con la administración Trump que evite males mayores.

¿Qué efectos podría tener sobre el crecimiento?

Las consecuencias de este aumento de las barreras al comercio todavía no son cuantificables y hay que realizar hipótesis cambiantes a golpe de tweet de Trump, pero supondrá un shock negativo de oferta para la economía global, que incrementará la inflación y reducirá el crecimiento mundial. A priori, los efectos directos no parecen especialmente negativos. Utilizando los modelos tradicionales y bajo la hipótesis de que, además de las medidas proteccionistas ya implantadas, entrasen finalmente en vigor todas las amenazas actuales de la administración Trump sobre China y el sector automovilístico (subida efectiva del arancel medio de 5,1 p.p., hasta el 6,7%), y que China y la UE tomasen medidas recíprocas (pero el resto del comercio mundial permanece al margen), se estima que podrían reducir el PIB global en un 0,3%, respecto al escenario central, en un horizonte de dos años. El impacto por países más implicados sería desigual: Canadá sería el más perjudicado (-1,1%), seguido de México y EEUU (sobre -0,5%), China (-0,3%) y la UEM
(-0,2%)[1]. Bajo un escenario más negativo, donde todo el comercio global se viese afectado por este incremento de los aranceles, los efectos sobre el PIB serían mucho más intensos: -1,1% en EEUU, próximo al -0,9% en China y la UE, y -0,7% para el mundo (desviaciones respecto al escenario central, según estimaciones de la OCDE). En ninguno de los dos casos, el shock parece ser lo suficientemente intenso para poner en riesgo la expansión global y, según los modelos tradicionales, para que tener consecuencias recesivas globales de forma directa, el incremento en los aranceles tendría que ser muy superior, probablemente del orden de 20 p.p., si afectase solo al comercio entre EEUU, la UE y China, o de 10 p.p. si se extendiese a todo el comercio mundial.

No obstante, hay que tener en cuenta que estos resultados, focalizados solo en los efectos directos infraestiman las consecuencias de una guerra comercial. Los efectos indirectos no incorporados en los modelos pueden ser incluso más significativos que los directos; por ejemplo, los debidos al aumento de la incertidumbre, al deterioro en las condiciones financieras y de las expectativas (sobre todo para empresas, por el cambio en las reglas del juego) y a los costes de la redistribución geográfica de la oferta.

¿Cuáles pueden ser sus efectos sobre la inflación?

Los efectos sobre la inflación también son muy inciertos y, por el momento, solo pueden empezar a cuantificarse en el caso de EEUU. Por ejemplo, si el impacto del incremento de 5,1 p.p. del arancel efectivo en EEUU fuese totalmente traspasado a los consumidores, añadiría 1,1 p.p. a la inflación. Seguramente, el impacto "real" sería significativamente inferior, debido a que no todos los productos afectados por los aranceles serían bienes de consumo, habría ajustes en los tipos de cambio que podrían afectar a los precios, las empresas podrían absorber parte del efecto en sus beneficios y las familias sustituir algunos de los productos afectados por los aranceles por otros. En cualquier caso, las primeras señales en EEUU advierten de que hay que permanecer vigilantes: en respuesta a la subida de los aranceles, los precios de las lavadoras se incrementaron un 15% de forma casi inmediata y los del acero un 20%. Además, el sector del automóvil es muy relevante para la economía estadounidense: el 44% de los vehículos vendidos son importados y, según las primeras estimaciones de la industria, las familias verían como se incrementa su coste medio en casi 6.000 dólares (25%), y en más de 2.000 dólares el de los fabricados en EEUU (en torno a un 15%), dado que contienen un 35% de componentes importados.

Conclusiones

Las estimaciones sobre las consecuencias negativas de la espiral proteccionista son muy preliminares y poco fiables, considerando la falta de precedentes (hay que remontarse a los años 70), las limitaciones de los modelos econométricos y la incertidumbre sobre las medidas finales adoptadas. En cualquier caso, hay que ser moderadamente optimistas, considerando la fortaleza de la economía global, especialmente la estadounidense: incluso bajo hipótesis relativamente pesimistas, es poco probable que el impacto ponga en riesgo la expansión global. No obstante, sí que tendrá importantes implicaciones sobre algunos sectores, que tendrán que revaluar la relocalización geográfica de su producción e incurrir en elevados costes. Además, entre los efectos indirectos, hay que tener presente la respuesta de la política monetaria al aumento de la inflación, especialmente en EEUU, con una economía mostrando ya algunas evidencias de recalentamiento.


[1] Medias de las estimaciones obtenidas con los modelos del FMI, OCDE, JPM y Bloomberg Economics, bajo hipótesis relativamente similares.

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