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Global / El FMI advierte de los efectos de la guerra comercial y pide coordinación en política económica al G-20

Publicado el 06/06/2019

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El FMI saca a la luz un informe sobre los efectos negativos de la guerra comercial de EEUU-China para intentar concienciar a las economías del G-20 de la necesidad de una actuación conjunta en materia de política económica que permita impulsar el crecimiento y moderar el impacto de la próxima recesión.

El FMI calienta el debate económico y advierte que las tensiones comerciales entre las dos mayores economías mundiales no son más que "palos en las ruedas" del ciclo económico global, en un momento delicado en el que se hace especialmente necesaria una mayor coordinación entre países.

Según las estimaciones del organismo, China y EEUU están siendo los grandes perdedores de la guerra comercial: el efecto conjunto (impacto directo, deterioro de la confianza e inestabilidad en los mercados) de los aranceles establecidos en 2018 y los incrementos anunciados el pasado mes de mayo sería de un recorte del crecimiento de 1,0 p.p. en China y de 0,2 p.p. en EEUU en 2020. El impacto de largo plazo, para ambas economías, se estima en -0,4 p.p. de crecimiento respecto al escenario central anterior. A nivel global, el FMI estima que los aranceles recortarán el crecimiento mundial en 0,5 p.p. en 2020.

En un informe anterior, el FMI señala que los aranceles han reducido los flujos comerciales entre ambas potencias, pero el déficit bilateral entre EEUU y China no se ha corregido: ascendió a 419.000 millones de dólares en 2018, un 11% por encima del déficit de 2017. Por el lado de EEUU, las importaciones de la lista de productos procedentes de China tasados en 2018 disminuyeron de forma significativa (ver gráfico) y aumentaron respecto a otros socios comerciales de la región (hasta ahora, México, Vietnam y Corea del Sur han sido los grandes beneficiados). Por el lado de China, las importaciones de productos de EEUU tasados como represalia han caído incluso con mayor fuerza, en gran parte, porque las empresas importadoras son estatales y, por tanto, las decisiones son más políticas que económicas.

Estas estimaciones del FMI se producen semanas antes de un G-20 que podría ser clave para las negociaciones comerciales entre EEUU-China y coinciden con nuevas señales de enfriamiento en EEUU: la encuesta ADP de empleo privado registró en mayo el peor dato en más de nueve años (27.000 vs 216.000 en media de los seis meses anteriores). Aunque la mejora del ISM no manufacturero (56,9 vs 55,5), también conocida durante la jornada de ayer, permitió relajar esa señal negativa, el mercado descuenta, cada vez con más fuerza, recortes en el tipo de interés de referencia a lo largo de este año (la probabilidad de tres recortes de 25 p.b. se ha disparado hasta cerca del 60%).

Cabe señalar que el análisis no tiene en cuenta el impacto de la nueva amenaza de la administración Trump a México, donde plantea introducir unos aranceles del 5% para todos los productos procedentes de México (346.000 millones de dólares en 2018, un 28% del PIB de México), efectivo desde el 10 de junio, con la amenaza de subirlos gradualmente hasta el 25% en octubre. Detrás de la decisión no se encuentran razones comerciales, sino la intención de presionar para que el gobierno de López Obrador realice un mayor esfuerzo para frenar la corriente migratoria hacia EEUU. La decisión afecta gravemente a la cadena de oferta y a los flujos intra-empresa en grandes multinacionales estadounidenses, siendo la industria del automóvil la más afectada: automóviles y componentes suponen cerca del 20% de las exportaciones de México hacia EEUU. El impacto sobre la economía mexicana dependerá del tipo arancelario que se vaya a establecer y de la reacción del tipo de cambio, pero de seguir adelante la implementación de estas medidas, se da por hecha una recesión en la segunda mitad de este año en la economía mexicana. Además, Fitch acaba de recortar la calificación crediticia de México en un escalón (BBB desde BBB+) y Moody's le ha puesto en perspectiva negativa desde estable.

El FMI plantea que la reunión del G-20 a finales de junio puede dar la vuelta a la situación. La prioridad debe ser resolver las tensiones comerciales y establecer políticas comunes que busquen fortalecer la regulación de la OMC, sobre todo, en cuestiones como los subsidios (mención indirecta a la última disputa entre EEUU y UE por el sector aeronáutico), la protección de la propiedad intelectual (clara alusión a las acusaciones de EEUU hacia China) y el comercio en servicios. Según estimaciones del propio organismo, una mejora en este último aspecto podría llegar a añadir 350.000 millones de dólares al PIB mundial en el largo plazo (es decir, en torno a un 0,4% adicional). Por otro lado, el FMI destaca la necesidad de una actuación conjunta y coordinada en materia de política económica, de tal manera que se estimule la demanda a través de política monetaria y fiscal, donde exista margen de maniobra, así como introducir reformas de tipo estructural (destaca la reducción de las barreras de entrada en el sector servicios y un aumento de la participación de la mujer en el mercado laboral). De acuerdo con sus propias simulaciones, el impacto conjunto de estas medidas podría derivar en un incremento del PIB mundial en un 4% en el medio/largo plazo.

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