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Global / EEUU y China se toman un respiro en la guerra comercial

Publicado el 16/01/2020

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En línea con las expectativas del mercado y los anuncios al cierre del año 2019, los gobiernos de EEUU y China han formalizado el primer acuerdo que regulará el flujo comercial entre ambos países. La firma concluye meses de negociaciones y representa la primera tregua en los últimos dos años, si bien no despeja la incertidumbre sobre el escenario de medio plazo.

El pacto comercial, denominado como la primera fase de un acuerdo más amplio, se centra en el compromiso de China de aumentar en 200.000 millones de USD sus compras de bienes y servicios procedentes de EEUU a lo largo de los próximos dos años, incluyendo productos agrícolas (subida de 32.000 millones), que son los políticamente más sensibles; pero también bienes manufacturados (80.000 millones), energía (50.000 millones) y servicios (38.000 millones). El acuerdo también contempla otra serie de compromisos más difusos: destaca la intención de abrir el sector financiero a empresas americanas, reducir la intervención sobre el yuan y mejorar la protección a la propiedad intelectual.

Por su parte, el gobierno en Washington acuerda revertir algunas de las subidas arancelarias implementadas en productos chinos (del 15% al 7,5% en 120.000 millones), así como una promesa de no llevar a cabo futuras medidas punitivas (incluyendo la amenaza de subir aranceles en 156.000 millones de productos chinos en diciembre). Además, la administración retira al yuan de la lista de divisas manipuladas.

En líneas generales, la formalización del acuerdo bilateral es positivo para la economía mundial, en especial para aquellos sectores y países que se encuentran más ligados al intercambio comercial, como la industria manufacturera. Aunque se trata de un primer paso en un incipiente acuerdo comercial mucho más amplio, el pacto representa la primera señal de tregua real en la guerra comercial entre ambas potenciales en los últimos dos años. Los mercados se han mostrado complacientes desde que se anunciara el principio de acuerdo a finales de noviembre de año pasado: en EEUU, el S&P500 ha crecido un 6,5% y ha marcado nuevos máximos; mientras que, en China, el yuan se ha apreciado un 8%.

El acuerdo reduce la incertidumbre sobre el escenario global para este año, posiblemente hasta las elecciones presidenciales de noviembre, pero no la despeja totalmente. En primer lugar, el acuerdo es parcial, y deja en vigor el grueso de las subidas arancelarias impuestas desde el inicio del 2018. Al no revertirlas, su efecto directo sobre el crecimiento mundial no será significativo. El enfoque en disminuir el déficit comercial EEUU-China deja por fuera temas más sensibles, como las alegaciones de robo cibernético por parte de China, el conflicto tecnológico, así como la disputa sobre el uso extensivo de subsidios.

En segundo lugar, el compromiso de mayores compras por parte de China es demasiado exigente: teniendo en cuenta que, actualmente, el gigante asiático importa de EEUU en torno a 170.000 millones, el acuerdo supone más que duplicar las compras en apenas dos años y, además, deberán respetarse las directrices de la OMC (en cuanto a reglas de mercado y a no discriminar a otros países).

Por último, el acuerdo será sometido a constante revisión, y estará sujeto a presiones políticas en ambos países, particularmente en Washington, de cara a las elecciones. El pacto incluye un mecanismo de revisión de ejecución, permitiendo su inmediata reversión (nuevas tarifas arancelarias) en caso de que no se cumpliese alguna de sus cláusulas. Además, el conflicto entre EEUU y China es mucho más que comercial.

El acuerdo entrará formalmente en vigor a mediados de febrero. Negociaciones de las siguientes fases, así como de vigilancia de implementación de esta primera tregua, probablemente se reiniciarán en los meses siguientes. Preocupa ahora hasta qué punto el gobierno estadounidense centre el foco de las tensiones sobre Europa, después de las sanciones impuestas el año pasado tras la resolución de la OMC por el conflicto de Airbus. En los próximos días, Phil Hogan, negociador de la UE, visitará Washington con el objetivo de suavizar las tensiones y evitar males mayores: el potente sector del automóvil europeo aún está pendiente de la amenaza de Trump de imponer mayores aranceles a sus exportaciones hacia EEUU.

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