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FMI / Repaso a la recuperación de la economía mundial, una década después del colapso de Lehman Brothers

Publicado el 05/10/2018

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El FMI analiza, en uno de los capítulos analíticos de su último Informe de Previsiones, los efectos persistentes de la crisis financiera en 2008 sobre economías desarrolladas y emergentes, señala los factores que han sido determinantes a lo largo de este proceso de recuperación y destaca las políticas que permitieron suavizar el deterioro de la actividad.

Diez años después de la caída de Lehman Brothers, la economía mundial está caracterizada por: (i) una deuda pública media por encima del 50% del PIB (36% antes de la crisis); (ii) unos bancos centrales, sobre todo, de economías avanzadas, que han multiplicado sus balances; y (iii) unas economías emergentes que suponen ahora el 60% del PIB (en términos PPA), cuando apenas suponían el 40% antes de la crisis. Bajo este escenario, el FMI realiza un análisis sobre 180 países, tanto desarrollados como emergentes, a través del cual analiza (i) cuántos países han conseguido retomar la tendencia de crecimiento pre-crisis (ajustada para excluir el efecto del boom crediticio); (ii) qué factores han determinado ese proceso de recuperación; y (iii) hasta qué punto las decisiones de política económica han influido en el ciclo actual.

En primer lugar, el FMI destaca que más del 60% de las economías aún están creciendo por debajo de su tendencia pre-crisis. Esta pérdida de actividad económica ha sido generalizada y persistente entre economías, pero más intensa entre aquellas que atravesaron en 2007-08 por una crisis bancaria (el 85% de ellas no ha recuperado el dinamismo anterior).

En segundo lugar, el organismo considera que la falta de una mayor inversión en capital ha sido clave en esa pérdida de actividad (en 2017, se encuentra un 25% en media por debajo de su tendencia pre-crisis). Además del menor stock de capital fijo, se observan menores tasas de crecimiento de la productividad y una absorción más lenta de las nuevas tecnologías. Este gap en inversión ha sido aún más evidente en las economías que experimentaron una crisis bancaria, sin duda, por la escasez de crédito y por las peores perspectivas de retorno de la inversión.

En cuanto a las decisiones de política económica antes, durante y en los años posteriores a la crisis, el FMI considera que éstas han sido determinantes en la cuantía del ajuste durante la crisis y en el proceso de recuperación posterior. En este sentido, destaca tres grandes grupos. En primer lugar, aquellas economías con una regulación bancaria y financiera más estricta fueron las que acumularon menores caídas del PIB en los años posteriores a 2008. En el segundo, las economías con una posición fiscal más saneada y, por tanto, con margen para introducir medidas fiscales, fueron las que experimentaron una menor caída. En el último grupo, aquellos países que tomaron medidas de política monetaria excepcionales y poco convencionales (básicamente, economías desarrolladas), lograron paliar la severidad de la crisis.

El organismo hace mención explícita al caso de la UEM, donde la crisis puso en evidencia la ausencia de medidas para atenuar sus efectos y las deficiencias en el diseño de la estructura de la Unión Monetaria; lo que finalmente derivó en la crisis de deuda de 2010-12. Para entonces, la mayor parte de economías perjudicadas no pudieron utilizar la política fiscal para limitar el desplome del PIB, sino que se vieron obligados a introducir planes de consolidación para recuperar el favor de los inversores y de los mercados internacionales.

Bajo este escenario, el FMI pide explícitamente no abandonar las medidas regulatorias que sirvieron para mejorar el sistema financiero internacional, en un claro toque de atención a la administración Trump, que pretende dar marcha atrás a la mayor parte de las prácticas regulatorias puestas en marcha tras la crisis subprime. Además, reconoce el papel de la política fiscal como herramienta válida para limitar las caídas del PIB en periodos recesivos, destacando el caso de China en 2008-11 como ejemplo de estímulo fiscal que se prolongó a través del comercio.

El FMI también alerta de los retos en los próximos años. No cabe duda que las políticas extraordinarias llevadas a cabo en los años posteriores a la crisis han tenido efectos secundarios: unos tipos de interés ultra bajos en la economías desarrolladas ha provocado la formación de desequilibrios financieros; la acumulación de deuda pública y el menor margen de maniobra en materia de política fiscal urge a reconstruir esas defensas antes de que se produzca la próxima recesión; y algunas de las herramientas utilizadas en la crisis financiera ya no están disponibles, como, por ejemplo, los cuantiosos rescates financieros. Además, son evidentes las consecuencias de largo plazo de la crisis, en forma de menores crecimientos potenciales, y se han debilitado las ideas de mayor apertura e integración económica que caracterizaron anteriores ciclos expansivos, con la aparición de opiniones populistas y medidas proteccionistas. De nuevo, otro toque de atención a la administración estadounidense.

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