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FMI / Menos empleo en el sector manufacturero no implica necesariamente menos productividad

Publicado el 11/04/2018

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El FMI realiza un estudio sobre el impacto del declive en el empleo del sector manufacturero y afirma que el paso hacia una economía de servicios no tiene porque conducir, por sí solo, a menores niveles de productividad o mayores niveles de desigualdad, siendo una política económica bien dirigida la clave del éxito.

La proporción de empleados en el sector manufacturero ha descendido de forma generalizada en los últimos 50 años en las economías desarrolladas, lo que ha sido tradicionalmente identificado con un menor crecimiento económico y con un aumento de la desigualdad. En el caso de las economías emergentes, se observa un leve aumento en el peso del sector en términos agregados, gracias al proceso de deslocalización que ha favorecido a algunas economías, sobre todo, asiáticas, donde destacan China, Indonesia, Malasia y Tailandia, entre otras. El Capítulo III del Informe de Previsiones del FMI de abril revisa este debate a través de un estudio para economías desarrolladas y emergentes.

En primer lugar, el repaso a la literatura y el propio análisis del FMI confirman que el paso de una economía manufacturera hacia una de servicios suele llevar asociado un enfriamiento y una menor productividad del conjunto de la economía. No obstante, un análisis más detallado (gracias a nuevas bases de datos) refleja que existen subsectores dentro de servicios, tales como transportes, telecomunicaciones y financiero, donde el crecimiento de la productividad iguala o supera el de los manufactureros más productivos. Ese tipo de subsectores no son insignificantes, sino que suponen en la actualidad en torno al 30% de los empleados en el sector servicios y al 20% del empleo total.

En el caso concreto de economías emergentes, el cambio estructural hacia una economía de servicios ha sido el principal factor de crecimiento de la productividad del conjunto de la economía, sobre todo, desde el año 2000, donde destaca la mejora de la región de África sub-sahariana. No obstante, también advierte de que gran parte esa mejora se debió al buen momento de la demanda interna y a determinadas condiciones que no parecen prolongarse en el futuro (por ejemplo, el boom en el precio de las materias primas). Además, la mayor parte de esas ganancias de productividad en las economías emergentes se producen en los servicios no comercializables y, por tanto, se encuentran limitados a la demanda interna de las economías. La parte positiva es que existe margen de mejora, lo que pasa, necesariamente, por una mayor inversión en servicios, reducir las barreras al comercio de servicios y aumentar su comercialización entre países. Adaptar los futuros tratados de comercio a la realidad del comercio digital y del e-comercio es una de las recomendaciones específicas del organismo.

En segundo lugar, el informe también confirma que los trabajadores de baja cualificación han ganado mayores salarios en los sectores manufactureros que en servicios: desde 1980, las economías que han sufrido un mayor repunte de la desigualdad son también aquellas que han experimentado un mayor descenso en la proporción de empleados en manufacturas. Sin embargo, el FMI señala que esta pérdida de empleo manufacturero, por sí solo, no explica ese aumento de la desigualdad, sino que apunta a los problemas de los trabajadores de cualificación media y baja para adaptarse al progreso tecnológico, al auge del comercio o a los procesos de automatización; factores que no solo afectan a los servicios, sino a todos los sectores de la economía. Esto implicaría que la política económica deberá ir más encaminada a promover medidas de inclusión que a tratar de recuperar el empleo en el sector manufacturero. Mejorar el acceso a la formación hacia las necesidades de unas economías de servicios y de la información, así como ampliar la red de garantías y las políticas de redistribución para mitigar los efectos negativos de este tipo de transiciones para los trabajadores que se hayan visto desplazados desde la agricultura y la industria.

En balance, el informe del FMI considera que el paso hacia una economía de servicios no implica necesariamente un deterioro de la economía o un aumento de la desigualdad, siempre que se promueva los sectores de servicios de mayor productividad (destacan transporte, telecomunicaciones y sector financiero) y se mejoren las políticas sociales para proteger a los trabajadores en el proceso de transición entre sectores y se promueva la formación acorde a las nuevas necesidades de la actividad económica. Lo más llamativo de estas conclusiones es que ponen en cuestión la agenda política de países como EEUU, donde la actual administración ha centrado su política económica en recuperar el papel del sector manufacturero como motor de crecimiento ("made in America"), incluso a costa de establecer medidas proteccionistas para proteger a la propia industria.

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