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FMI / Las variaciones de los saldos comerciales responden a factores económicos y no tanto a los aranceles

Publicado el 04/04/2019

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En el actual contexto de guerra comercial y aumento de aranceles, el FMI analiza en el Capítulo 4 de su informe de previsiones que factores determinan las variaciones de la balanza comercial. La principal conclusión es que el impacto de los factores económicos sobre la evolución de los saldos comerciales es muy superior al de los aranceles. Estas evidencias desmontan el discurso proteccionista de la administración Trump. 

El trabajo de investigación del FMI se llevó a cabo tras examinar la evolución de 34 sectores en 63 países durante un periodo de 20 años. Uno de los objetivos de trabajo es distinguir el impacto que tienen en las balanzas comerciales bilaterales los factores macroeconómicos y los aranceles, entre otros.

El análisis concluye que, durante los últimos 20 años, la evolución de los saldos comerciales bilaterales ha estado mucho más condicionada por las condiciones macroeconómicas. Estos factores incluyen políticas económicas (fiscales y monetarias), tendencias demográficas y el comportamiento de la demanda interna. La variación de los aranceles, por su parte, tiene un impacto mucho menor, ya que en los últimos años se han reducido significativamente y actualmente están en valores relativamente bajos. Por países, el impacto de los factores macroeconómicos difiere. Por ejemplo, durante el periodo 1995-2015, los factores económicos explican el 20% de la variación de la balanza bilateral entre EEUU y Alemania, mientras que se eleva a más del 95% para la balanza entre EEUU y China. Por tanto, no parece que los aranceles tengan un papel relevante a la hora de ajustar los desequilibrios comerciales, lo que cuestiona la eficiencia de la "guerra comercial" iniciada por EEUU en los últimos meses para resolver sus problemas de balanza comercial.

Aunque en términos generales, el impacto directo de los aranceles fue pequeño en relación con los factores económicos, no quiere decir que no importen. De hecho, a largo plazo, las variaciones grandes y sostenidas de los aranceles pueden afectar a la organización internacional de la producción, a medida que las empresas reestructuran sus decisiones de inversión para ajustarse al impacto de los nuevos costes. Desde mediados de los 90, la notable reducción de los costes comerciales (aranceles, así como los costes de transporte y comunicación) ha ido de la mano de un incremento de la extensión y complejidad de las cadenas de valor mundiales.

La profunda integración comercial global actual advierte de que un incremento acusado de los aranceles tendría efectos negativos, no solo en aquellos países afectados directamente por una subida de aranceles, sino también en aquellos que formen parte de la cadena de producción de los artículos afectados. De hecho, en la mayor parte de los países, el efecto negativo de una subida generalizada de los aranceles de 1 p.p. es ahora mucho mayor que a mediados de los 90. Según el FMI, los más afectados en esa situación serían Alemania y Corea, con sectores industriales muy desarrollados y especialmente integrados en las cadenas de producción mundial: se estima que el aumento de los costes por una subida de aranceles sería de un 0,5% del PIB en Alemania y del 0,7% del PIB en Corea.

Cuando el aumento de los aranceles se dirige a países concretos, los países no afectados podrían verse beneficiados por la desviación del comercio hacia ellos, por lo que el impacto global sería inferior a lo estimado en una situación de subida de aranceles general. En concreto, el FMI hace el ejercicio de estimar el impacto que tendría que EEUU aplicase un arancel del 25% a todos los productos chinos, y concluye que estos dos países serían los grandes perjudicados en esta situación. De hecho, el FMI señala que el comercio entre ambos caería entre un 25%-30% en el corto plazo y que este retroceso podría llegar hasta un 70% en el largo plazo. Aunque el comercio de terceros países no afectados directamente por estos aranceles saldría ganando en el corto plazo, esta recuperación apenas compensaría una porción muy pequeña de la caída estimada de las exportaciones y, en el largo plazo, el resultado es negativo en casi todos los casos.

Esta fuerte caída del comercio entre EEUU y China tendría un impacto significativo sobre el crecimiento de cada país: el PIB anual se reduciría entre un 0,3%-0,6% en EEUU; y entre un 0,5%-1,5% en China. Esta mayor sensibilidad de China a una escalada de la guerra comercial se explica por dos motivos. En primer lugar, el mayor peso de su sector industrial, uno de los grandes afectados por la subida de aranceles: más del 40% del PIB en China, frente a un 19% en EEUU. Por otro, la mayor dependencia china de las exportaciones: las exportaciones de bienes equivalen al 18% del PIB chino, y casi el 20% de las mismas se destina a EEUU. Por su parte, las exportaciones de bienes representan menos del 8% del PIB de EEUU, y solo un 12% se destinan a China.

Conclusiones

El análisis del FMI concluye que, durante los últimos 20 años, los factores macroeconómicos han sido los principales responsables en explicar las dinámicas comerciales. Además, el descenso en los aranceles, así como el de otros costes comerciales, han sido determinantes en la expansión y desarrollo de las cadenas de producción globales, favoreciendo el crecimiento económico y el aumento de la riqueza mundial. Por tanto, un aumento de los aranceles tendría efectos negativos no sólo en los países directamente afectados, sino también en aquellos otros que participen en las cadenas de producción. Además, aunque algunos países pudieran verse beneficiados en el caso de una guerra comercial "bilateral", el efecto global sería negativo debido al deterioro de la confianza de los agentes y al impacto distorsionador sobre los mercados financieros que tendría el aumento de incertidumbre asociado a una situación de "guerra comercial". Por tanto, las principales conclusiones que expone el FMI serían:

•·        Dada la importancia de los factores económicos para la evolución del comercio mundial, deben evitarse las políticas económicas distorsionadoras, como políticas fiscales procíclicas o subvenciones a sectores de exportación, que desembocarían en desequilibrios excesivos y difícilmente sostenibles. Además, es posible que, si un país aplica medidas para corregir el comportamiento de la balanza comercial bilaterales con países concretos, se generen desviaciones de los flujos comerciales hacia otros países, con lo que el impacto sobre su balanza comercial total sería muy pequeño.

•·        Dado que la reducción de aranceles beneficia al comercio y al crecimiento económico, las políticas económicas deben ir encaminadas a fomentar un comercio libre y justo, eliminando los aranceles implantados últimamente, e intensificando los esfuerzos para reducir las barreras actuales al comercio.

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