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FMI / Las políticas económicas aplicadas para combatir el Covid-19 no deben retirarse precipitadamente

Publicado el 24/06/2020

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El FMI agrava sus estimaciones sobre la intensidad de la crisis actual. Reconoce que la pandemia del coronavirus forzó a las economías a lo que ha dado en llamar el “Gran Confinamiento”, necesario para salvar vidas y aliviar la presión sobre los sistemas públicos de salud, pero que desembocará en la peor recesión desde la Gran Depresión. A la publicación del informe, el 75% de los países están levantado buena parte de las restricciones impuestas, pero la pandemia aún se está agravando en muchas de las economías emergentes y en desarrollo. El FMI advierte que, a falta de una vacuna, el escenario que se afronta es muy incierto y el impacto por sectores y países será muy desigual. 

La actualización de las previsiones del FMI presenta un panorama aún más débil que el de su informe de abril: el crecimiento mundial se recorta en 1,9 p.p. en 2020, hasta un -4,9%; y el de 2021 en -0,4 p.p., hasta un 5,4%. Este deterioro de expectativas se produce tanto en las economías desarrolladas, como en las emergentes (ver Tabla). En 2020, ninguna de las grandes economías del mundo evitará una contracción anual del PIB, excluyendo posiblemente China, que podría crecer un modesto 1,0%. Además, salvo contadas excepciones, la recuperación que se anticipa para 2021, a pesar de su inusitada intensidad, no compensaría el retroceso del PIB esperado para este año. Con estas nuevas estimaciones del FMI, la economía mundial acumularía en 2020-2021 pérdidas de unos 12 billones de dólares, respecto a los niveles que se manejaban en enero. Además, se prevé que este impacto sea más acusado en las economías emergentes, sin incluir China, que en las desarrolladas: a finales de 2021, el PIB de las economías desarrolladas será todavía un 6,1% inferior que lo previsto en enero, mientras que el bloque de emergentes, sin China, será más de un 7,0% inferior.

El FMI reconoce que esta crisis no se parece a ninguna otra.

En primer lugar, señala que las características y extensión de esta crisis (afecta a casi el 95% de los países estudiados) dificulta las expectativas de reactivación de aquellas economías más dependientes del comercio (se estima un retroceso cercano al 12% este año) y amenaza el proceso de convergencia en renta entre las economías desarrolladas y emergentes.

En segundo lugar, el levantamiento de las restricciones favorece un repunte de la actividad, pero está siendo desigual. La demanda reprimida en los meses de confinamiento está favoreciendo un aumento del gasto en algunos sectores como el minorista. Sin embargo, aquellos sectores en los que el contacto humano es fundamental, como la hostelería, turismo y restauración, por ejemplo, siguen bastante deprimidos. Por tanto, previsiblemente, los países más dependientes de estos sectores se verán afectados más profundamente y durante más tiempo.

En tercer lugar, y muy conectado con lo que se ha expuesto en el punto anterior, el mercado laboral se ha visto gravemente afectado y a una velocidad récord: según recoge el FMI, las estimaciones del ILO apuntan a que en el 1T20 se perdieron casi 130 millones de puestos de trabajo a tiempo completo en el mundo respecto al 1T19 y se estima que la pérdida del 2T20 ascenderá a unos 300 millones. Los más afectados son aquellos sectores intensivos en mano de obra menos cualificada, de bajos ingresos y que no tienen la opción del teletrabajo, como todos aquellos relacionados con el turismo y la hostelería. Las perspectivas para estos sectores son bastante pobres y no parece factible que recuperen los niveles previos a la pandemia a medio plazo, lo que lastrará la recuperación, empeorando la desigualdad de ingresos y aumentando la pobreza.

Una crisis excepcional que ha provocado una respuesta política sin precedentes.

Como aspecto positivo, las economías desarrolladas y, en menor medida, las economías emergentes, han aplicado una serie de medidas fiscales y monetarias de estímulo de una magnitud nunca antes vista. En concreto, los estímulos fiscales a nivel mundial superan los 10 billones de dólares y la política monetaria nunca ha sido tan expansiva, gracias a fuertes recortes de tipos de interés, inyecciones masivas de liquidez y compra de activos por parte de los bancos centrales. En muchos países, estas medidas han sido decisivas para sostener las condiciones de vida de los trabajadores y evitar quiebras empresariales a gran escala.

Este apoyo excepcional, en particular por parte de los principales bancos centrales, también ha impulsado una fuerte recuperación de los mercados financieros, a pesar de la delicada situación de la economía real. Los precios de las acciones han repuntado, los márgenes de crédito se han reducido, los flujos de inversión en cartera de economías emergentes se han estabilizado y buena parte de las divisas que se depreciaron con fuerza en los peores momentos de la pandemia han logrado recuperar parte del terreno perdido. Al prevenir una crisis financiera, el apoyo de las políticas ha ayudado a evitar daños mayores en la economía real. Sin embargo, esta desconexión entre mercados y economía real alienta la preocupación de que se asuman riesgos excesivos y constituye una vulnerabilidad importante.

Un escenario sujeto a una elevada incertidumbre

Dada la tremenda incertidumbre, las políticas económicas deberán adaptarse a medida que la situación evolucione y, por el momento, debe mantenerse el apoyo de las políticas fiscales y monetarias. La primera prioridad es adoptar las medidas sanitarias necesarias para minimizar los riesgos para la salud, sobre todo una vez que se permita la movilidad geográfica internacional y hasta que se cuente con una vacuna.

Además, el FMI señala que se debe velar por que las economías emergentes puedan financiar los gastos críticos, facilitando el acceso a los mercados internacionales para conseguir recursos en condiciones favorables, garantizando la estabilidad de los mercados financieros y desplegando una "red de seguridad" financiera mundial.

Esta crisis también generará desafíos a medio y largo plazo. Se prevé que la deuda pública alcance en 2020 máximos históricos en términos de PIB (101,5%), tanto en las economías desarrolladas (131%) como en las emergentes (63%). Los países necesitarán marcos fiscales sólidos para consolidar sus cuentas a medio plazo, mediante la reducción del gasto ineficaz, la ampliación de la base tributaria, la reducción al mínimo de la evasión fiscal y una mayor progresividad en la tributación en algunos países. Asimismo, el FMI destaca que esta crisis ofrece la oportunidad de acelerar el cambio hacia un crecimiento más productivo, sostenible y equitativo mediante la inversión en nuevas verdes y digitales y en reforzar y ampliar los mecanismos de seguridad social existentes.

España: el elevado peso del sector turístico explica la fuerte revisión a la baja en el crecimiento previsto

El FMI ha recortado sus previsiones para la economía española en 2020, desde el -8% que estimó en abril al -12,8%. Para 2021 proyecta un crecimiento del PIB del 6,3%, de forma que el próximo año el nivel de PIB aún resultará un 7,3% inferior al de 2019 (4% en la previsión anterior). El peor comportamiento de la economía española se debe principalmente al elevado peso en nuestro PIB de las actividades turísticas, que no sólo son las que más han caído sino las que van a enfrentarse a mayores dificultades para su recuperación. En general, este empeoramiento de las proyecciones responde no tanto a una caída de la actividad inicial de mayor magnitud, sino a la percepción de que las secuelas serán más graves de lo anteriormente previsto

En línea con las peores perspectivas de actividad, también revisa al alza la previsión de déficit público, desde el 9,5% anterior hasta el 13,9% en 2020 y 8,3% del PIB en 2021. De la misma manera, la deuda pública alcanzará el 123,8% este año y se elevará al 124,1% en 2021 (113,4% y 114,6% previsto en abril).

Se trata del recorte más severo respecto a las previsiones de hace dos meses entre los países desarrollados, solo superado por el de Francia, cuya actividad se derrumbará un 12,5% este año frente al 7,2% proyectado hace tan solo dos meses.

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