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FMI / Las economías desarrolladas vuelven a concentrar las mayores revisiones al alza en crecimiento

Publicado el 22/01/2018

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El FMI vuelve a revisar al alza el crecimiento previsto para la economía mundial, que podría crecer a su ritmo más elevado desde 2011, gracias al mayor impulso que se anticipa para las economías desarrolladas. Por su parte, las previsiones para la inflación se revisan muy modestamente al alza, a pesar de la fuerte subida que acumulan los precios del crudo (más de un 50% desde junio) y de la posición en el ciclo en la que nos encontramos. Los riesgos para el crecimiento se encuentran bastante equilibrados en el corto plazo, pero se concentran a la baja para el escenario de medio plazo.

 

El FMI se reafirma en su escenario de que la recuperación va ganando fuerza: estima que el crecimiento mundial se mantendrá en el 3,9% en 2018 y 2019, 0,2 p.p. más alto que el contemplado en su informe de octubre. De nuevo, son las economías desarrolladas las que concentran la mejora en las estimaciones, mientras que mantiene sin cambios su previsión de crecimiento para el agregado de emergentes. Destaca que, en este contexto de dinamismo económico y encarecimiento de los precios del crudo, las expectativas para la inflación se encuentran muy contenidas, tanto para las economías desarrolladas como para las economías emergentes.

Las economías desarrolladas prácticamente mantendrían la intensidad en el ritmo de crecimiento en los dos próximos años, lo que haría del periodo 2017-2019 el trienio de mayor crecimiento desde 2005-2007: 2,3% en 2017 y 2018 y 2,2% en 2019, 0,8 p.p. más de crecimiento acumulado respecto al escenario que se manejaba en octubre. Respecto a la inflación, se ha revisado al alza en 0,2 p.p. hasta el 1,9% la de 2018 y en 0,1 p.p. hasta el 2,1% la de 2019.

EEUU es la economía que concentra la revisión en las expectativas de crecimiento más acusada: +0,4 p.p. hasta 2,7%, en 2017; y +0,6 p.p. hasta 2,5%, en 2019. Este mayor impulso se explica, principalmente, por el impacto de la reforma fiscal, sobre todo por la reducción en el impuesto de sociedades. Las previsiones suponen que el descenso que se producirá en los ingresos (1,5 billones de dólares en los próximos 10 años) no se compensará con recortes de gasto en el corto plazo. De hecho, se espera que esta reforma impositiva impulse el crecimiento en el corto plazo: el FMI estima que el PIB será en 2020 un 1,2% más elevado de lo que sería en ausencia de esta reforma.

No obstante, esta reforma provocará una ampliación del déficit público y hará necesario cierto ajuste fiscal en el medio plazo lo que sumado a la temporalidad de alguna de las medidas aplicadas hará que el crecimiento a partir de 2020 sea inferior al que se hubiera alcanzado si no hubiera habido reforma, compensando, incluso, el impulso positivo que se producirá en el corto plazo.

• La UEM también presenta una importante revisión al alza en el crecimiento estimado: +0,3 p.p. tanto en 2018 como en 2019, hasta el 2,2% y el 2,0%, respectivamente. Buena parte de este resultado se concentra en el mayor impulso que anticipa para Alemania: +0,5 p.p. en 2018 y 2019, hasta el 2,3% y 2,0%, respectivamente. Italia también ha salido beneficiada, y ve elevada su previsión de crecimiento en 0,3 p.p., hasta 1,4%, en 2018 y 0,2 p.p., hasta el 1,1%, en 2019.

España es la única de las grandes economías de la UEM para la que el FMI empeora su previsión de crecimiento para 2018, revisándolo una décima a la baja hasta el 2,4%, debido a los efectos de la incertidumbre política sobre la confianza y la demanda. No obstante, el FMI estima un impacto limitado y, dado el positivo entorno global y los beneficios de las reformas, mejora las perspectivas para 2019 al 2,1% desde el 2%, por lo que seguirá creciendo por encima de la media de la zona euro.

Japón también ve elevada significativamente su previsión de crecimiento en 2018 (+0,5 p.p. hasta 1,2%), aunque las estimaciones son más conservadoras para 2019 (+0,1 p.p. hasta 0,9%). Este nuevo escenario recoge el impacto del mayor dinamismo del comercio exterior, la aplicación de un presupuesto expansivo para 2018 y la inercia que mantendrá el crecimiento, tras haber sorprendido positivamente en la segunda mitad de 2017.

Las previsiones para las economías emergentes se mantienen sin cambios para el agregado (se confirma el 4,9% en 2018 y el 5,0% en 2019), pero hay importantes divergencias por países.

China ve revisado modestamente al alza su escenario: +0,1 p.p. en 2018 y 2019, hasta 6,6% y 6,4%, respectivamente.

•Las principales economías latinoamericanas ven elevado su crecimiento de forma significativa. Por un lado, Brasil, que se beneficiaría del dinamismo en el comercio mundial y de la recuperación en la cotización de las materias primas:  +0,4 p.p. hasta 1,9% en 2018 y 0,1 p.p. hasta 2,1% en 2019. Por otro, México, que se vería beneficiado por el notable dinamismo que se espera para EEUU, su principal socio comercial: +0,4 p.p. hasta 2,3% en 2018 y +0,7 p.p. hasta 3,0% en 2019. (Parece que el FMI no contempla la posibilidad de que EEUU abandone el NAFTA).

• Las perspectivas para Arabia Saudí mejoran notablemente, gracias al impulso que supone la subida de los precios del crudo y al impacto positivo de las reformas que está llevando a cabo el país para reorientar su economía hacia un modelo menos dependiente del petróleo. De este modo, el crecimiento previsto se eleva en 0,5 p.p. hasta 1,6% en 2018 y en 0,6 p.p. hasta 2,2% en 2019, superando la recesión de 2017 (-0,7%).

Sudáfrica destaca negativamente por ser la única de las grandes economías emergentes que ve recortado su crecimiento respecto al informe de octubre: -0,2 p.p. en 2018 y -0,7 p.p. en 2019, hasta un ritmo del 0,9% en ambos ejercicios. El principal motivo que explica este deterioro de expectativas es el impacto negativo que la incertidumbre política tendrá sobre la confianza y la inversión.

A corto plazo, lo más probable es que la economía mundial mantenga el tono, salvo que se produzca una corrección en los mercados financieros que, hasta el momento, han registrado importantes ganancias en un contexto de volatilidades en mínimos históricos. Los mercados financieros podrían sufrir una corrección si, por ejemplo, empezara a haber indicios de que la inflación podría subir más de lo esperado, lo que intensificaría, y aceleraría, los procesos de normalización monetaria en EEUU y la UEM. Otro factor que pesaría negativamente es que el impacto positivo sobre la inversión en EEUU de la reforma tributaria fuese inferior a lo estimado.

Los riesgos de medio plazo se concentran a la baja, destacando: (i) una acumulación de vulnerabilidades financieras provocadas por la búsqueda de rentabilidad en un entorno de bajos tipos de interés como el actual; (ii) una vuelta a prácticas proteccionistas; y (iii) factores no económicos como conflictos armados, ataques terroristas o desastres naturales.

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