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FMI / La reactivación será más desigual de lo esperado y tendrá efectos negativos muy persistentes

Publicado el 13/10/2020

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En su actualización de otoño, el FMI modera sus predicciones sobre la contracción económica global por Covid-19 para este año (+0,5 p.p., hasta -4,4%), pero revisa a la baja el rebote esperado para 2021 (-0,2 p.p., hasta el 5,2%). Además, advierte de que la reactivación será desigual por sectores y por países y proyecta que, a excepción de China, el resto de principales economías, tanto emergentes como desarrolladas, no recuperarán el nivel pre-Covid hasta 2022. La recuperación será más lenta en aquellos países más dependiente de servicios que requieren un contacto intensivo, como el turismo, y en los exportadores de materias primas. Los riesgos siguen marcados a la baja: las perspectivas de la recuperación están atadas a la evolución de la pandemia y a las medidas impuestas para contenerla.

 

El impacto inicial de Covid-19 ha sido menor de lo esperado. Según el FMI, el PIB mundial retrocederá en 2020 un 4,4%, lo que supone una revisión al alza de 0,5 p.p. respecto a las estimaciones realizadas en junio. Esta actualización se debe a proyecciones un poco "menos alarmantes" para la segunda mitad del año, gracias a una recuperación algo más fuerte de lo esperado en el tercer trimestre. A pesar del ajuste, el FMI espera que la contracción de este año sea la de mayor magnitud desde la Gran Depresión de 1929 y sustancialmente más intensa que durante la crisis financiera de 2007-08. Asimismo, las fuertes contracciones de este año no se compensarán con la recuperación que se anticipa para 2021, que fue revisada a la baja en 0,2 p.p. hasta el 5,2% para la economía global. El FMI espera que, a excepción de China, los niveles de PIB previos a la crisis no se volverán a alcanzar hasta al menos el 2022.

La recuperación será desigual por países. El FMI advierte que la crisis del coronavirus conllevará una mayor divergencia en las perspectivas de ingreso entre las economías avanzadas y las economías emergentes (sin incluir China). En ese sentido, las previsiones para las economías avanzadas son revisadas al alza en 2020 (+2,2 p.p. hasta un -5,8%) y se espera que el crecimiento repunte en 2021, hasta el 3,9% (-0,9 p.p. respecto a junio). Por su parte, ajusta a la baja el crecimiento del grupo de los emergentes (sin incluir China), con una proyección del -5,7% en 2020 (-0,3 p.p.) y una recuperación posterior en 2021 del 5% (+0,2 p.p.). De esta manera, el FMI prevé que, en el período 2020-21, el crecimiento acumulado del ingreso per cápita en las economías emergentes (sin incluir China) sea inferior al de las economías avanzadas.

Dada la naturaleza del shock, el FMI reconoce el elevado nivel de incertidumbre que rodea las previsiones. El escenario central asume que las medidas de distanciamiento social se mantendrán al inicio del 2021, pero que se vayan suavizando paulatinamente, a medida que se controle el virus a través de la aplicación de vacunas y mejoras en el tratamiento, y que la pandemia sea controlada en 2022. El FMI considera dos escenarios alternativos:

•·        El pesimista, que asume retrasos en la producción y distribución de la vacuna y en el tratamiento efectivo del virus, así como un deterioro de confianza en los agentes privados y, crucialmente, en los mercados financieros. En este escenario, el crecimiento mundial sería 3 p.p. menor que el escenario base para el 2022, con un mayor impacto en las economías emergentes. El FMI estima que la economía global no recuperaría el nivel previo a la crisis hasta, al menos, 2026.

•·        El optimista, que asume que las múltiples iniciativas para combatir el virus se apliquen más rápido que lo esperado, resultando en un efecto positivo en la confianza de los agentes, en el consumo y la inversión. Se estima que el crecimiento global sería 0,5 p.p. superior que el escenario central para el 2022. El nivel del PIB excedería en 2% la estimación del escenario central a finales del 2025.

La crisis dejará daños estructurales. El FMI reconoce que la intensidad y persistencia del shock de Covid se pudiera traducir en daños permanentes en las perspectivas del crecimiento global en el medio plazo, principalmente debido al fuerte ajuste en los mercados laborales, tanto cíclico como estructural, así como en cuanto a la inversión, tanto en equipo como en capital humano. De hecho, tras el repunte en el 2021, el FMI prevé que el crecimiento mundial se vuelva más lento de forma gradual hasta el 3,5% en el 2025. Dicha trayectoria implicaría una pérdida de producto en términos acumulados, en relación con la trayectoria proyectada antes de la pandemia, de hasta 28 billones en el período 2020-25.

Nuevas medidas son necesarias para mitigar los daños de la crisis. El FMI valora positivamente los esfuerzos que los países han realizado para mitigar los costes iniciales del virus, si bien advierte que, dada la severidad y permanencia del shock, todavía queda mucho por hacer para garantizar una recuperación sostenida. En primer lugar, el FMI señala que es necesaria una mayor colaboración internacional para combatir la propagación del virus. Reconoce que se están realizando grandes avances en el desarrollo de pruebas, tratamientos y vacunas, si bien estos desarrollos podrán ser realmente efectivos en términos globales solo en caso de que los países colaboran estrechamente. El FMI estima que una mejora en la aplicación de tratamientos y vacuna resultaría en un ajuste al alza en el ingreso mundial, relativo al escenario central, en torno a los 9 billones usd en el período 2021-2025.

En segundo lugar, el FMI señala que las políticas deben continuar centrándose con firmeza en evitar que la crisis genere daños económicos que persistan en el tiempo. Los gobiernos deben continuar ofreciendo apoyo a la renta de los agentes a través de transferencias monetarias focalizadas, subsidios salariales y seguros de desempleo. Asimismo, para evitar quiebras a gran escala y asegurar que los trabajadores puedan volver a empleos productivos, las empresas vulnerables que sean viables deben seguir recibiendo apoyo en forma de aplazamientos del pago de los impuestos, moratorias del servicio de la deuda e inyecciones de capital. En el futuro, a medida que la recuperación se fortalezca, las políticas deben reorientarse para facilitar la reasignación de los recursos desde sectores con probabilidad de contraerse a largo plazo (por ejemplo, turismo) hacia sectores de crecimiento (comercio electrónico). El apoyo a la reasignación también requerirá medidas para acelerar los procedimientos de quiebra y los mecanismos de resolución, con el fin de afrontar con eficiencia las insolvencias de las empresas. El impulso a la inversión pública en infraestructuras verdes en un momento de bajas tasas de interés y alta incertidumbre puede aumentar de forma importante la disponibilidad de empleos y acelerar la recuperación, al tiempo que puede servir como un importante paso inicial hacia la reducción de las emisiones de carbono.

Para las economías emergentes, el FMI insta a las autoridades a priorizar el gasto crítico en salud y las transferencias a los más necesitados, así como garantizar una eficiencia máxima. También necesitarán que continúe el apoyo en forma de donaciones internacionales y financiamiento concesionario y, en algunos casos, de alivio de la deuda. Donde no sea sostenible, la deuda debe reestructurarse "cuanto antes" y liberar fondos para afrontar esta crisis.

Por último, las políticas deben diseñarse con la vista puesta en situar las economías en trayectorias de crecimiento que sean más fuertes, más equitativas y sostenibles en el tiempo. El estímulo de política monetaria a escala mundial, si bien considerado por el FMI como fundamental para la recuperación, debe complementarse con medidas para evitar la acumulación de riesgos financieros a medio plazo. Por su parte, el necesario gasto fiscal y la caída del PIB han llevado las ratios de deuda soberana a máximos históricos. Aunque las bajas tasas de interés, junto con el repunte del crecimiento que se proyecta en 2021, estabilizarán las ratios de deuda de muchos países, sería beneficioso contar con un marco fiscal a medio plazo que aporte confianza en la sostenibilidad de la deuda. En el futuro, los gobiernos deberían aumentar la progresividad de sus impuestos para que las empresas contribuyan con su parte correspondiente de impuestos, así como eliminar gastos innecesarios.

España: una de las economías más impactadas por Covid-19

Tras constatar que España está siendo una de las economías avanzadas más dañadas por la actual crisis, debido, en gran parte, a sus características estructurales (preponderancia del sector terciario, especialmente el turismo, tejido empresarial de reducido tamaño y elevada temporalidad), el FMI prevé una caída del PIB este año del 12,8%, sin cambios respecto a lo estimado en junio, mientras que para 2021 prevé un crecimiento del 7,2%, cuando hace tres meses estimaba un 6,3%. La mayor intensidad del rebote el año próximo se apoya en el impacto positivo que tendrán los fondos europeos del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia, si bien la eficiencia en la coordinación, la ejecución y la supervisión de los planes de inversión será fundamental. En cualquier caso, los niveles pre-Covid no se recuperarán hasta, al menos, el 2023.

En línea con el fuerte ajuste de la actividad, también se producirá una intensa destrucción de empleo, lo que elevará la tasa de paro hasta cerca del 17% de la población activa en 2020 y 2021, casi tres puntos más que en 2019.

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