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FMI / La economía mundial crecerá al menor ritmo de la década

Publicado el 15/10/2019

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El FMI vuelve a recortar sus previsiones de crecimiento para la mayoría de principales economías, por el conflicto comercial y las tensiones geopolíticas. Además, la leve mejora que anticipa para 2020 no es generalizada y se encuentra en riesgo, porque dependerá de la reactivación de los países emergentes en un entorno de desaceleración de las dos economías más influyentes, EEUU y China.

 La persistencia de la fase de desaceleración ha obligado al FMI a revisar nuevamente a la baja el crecimiento de la economía mundial para este año (-0,2 p.p., hasta 3,0%) y para el próximo (-0,1 p.p., hasta 3,4%). En consecuencia, 2019 será el año más débil desde la crisis financiera internacional.

Uno de los principales factores detrás de esta pérdida de impulso son las crecientes barreras comerciales y la agudización de las tensiones geopolíticas. El FMI estima que la guerra comercial entre EEUU y China reducirá el nivel del PIB mundial en un 0,8% en 2020. A este factor hay que sumar el impacto negativo de factores estructurales, como la baja productividad y el envejecimiento de la población en las economías desarrolladas, así como otras debilidades específicas de algunas economías emergentes.

El comercio internacional y la industria se están viendo especialmente afectados y el aumento de los aranceles y la continua incertidumbre en torno a la política comercial han frenado significativamente la inversión en bienes de equipo. En concreto, el sector del automóvil está siendo uno de los más perjudicados, al acusar, además, el impacto de una serie de factores intrínsecos, como la aplicación de una normativa medioambiental más estricta en la UEM y en China. La nota positiva la pone la resistencia del sector servicios, que está sosteniendo al mercado laboral, a los salarios y al consumo en las economías desarrolladas. No obstante, empiezan a detectarse ciertas evidencias de enfriamiento en los servicios, sobre todo en EEUU y Europa.

En este contexto de moderación sistemática de la actividad económica, aumento de la incertidumbre y ausencia de tensiones inflacionistas, la política monetaria ha sido fundamental. Los principales bancos centrales han adoptado medidas expansivas para contrarrestar los riesgos a la baja sobre el crecimiento y para sostener las expectativas de inflación. El FMI estima que, en ausencia de estos estímulos monetarios, el crecimiento mundial en 2019 y 2020 sería 0,5 p.p. inferior al estimado en su escenario central.

La debilidad de la UEM preocupa especialmente. La estimación de crecimiento para 2019 se rebaja en 0,1 p.p., hasta 1,2%, y en 0,2 p.p., hasta 1,4% en 2020; Alemania e Italia acusan revisiones muy intensas, en el caso de 2020. Por otra parte, EEUU sigue destacando positivamente: el FMI reduce en 0,2 p.p. su previsión para 2019, hasta el 2,4%, pero lo contrarresta con una subida equivalente para 2020, hasta el 2,1%.

En España, en un momento en que el ciclo expansivo está maduro, la incertidumbre del contexto global y el debilitamiento de los intercambios comerciales pasan factura a las previsiones de crecimiento. El FMI apunta a una desaceleración gradual de la actividad y rebaja sus proyecciones de PIB para 2019 y 2020, una décima en ambos casos, hasta el 2,2% y 1,8%, respectivamente; en todo caso, con estos ritmos de avance nuestro país se mantiene como el más dinámico entre las grandes economías de la UE y sólo por detrás de EEUU a nivel mundial. El recorte de previsiones del FMI está en línea con las sucesivas revisiones a la baja por parte de organismos y analistas en las últimas semanas; por ejemplo, el Gobierno, en el Plan Presupuestario para 2020 que acaba de enviar a Bruselas, prevé un 2,1% para este año y un 1,8% para el próximo, mientras que el Banco de España apunta un 2% y un 1,7%, respectivamente. En cuanto al mercado laboral, seguirá creándose empleo, aunque a un ritmo amortiguado, de modo que la tasa de paro cerrará este año en el 13,9% de la población activa, desde el 15,3% en 2018, y apenas se reducirá en 2020 hasta 13,2%, lejos todavía de los mínimos de 2007 (8%). Por lo que respecta a las cuentas públicas, el FMI recomienda a los países con elevado endeudamiento, como es el caso de España, que incidan en la senda de consolidación y la corrección del déficit, con el fin de aumentar el margen de la política fiscal para hacer frente a un posible agravamiento de la desaceleración.

El crecimiento de los países emergentes se revisa a la baja: -0,2 p.p. en 2019, hasta 3,9%, y -0,1 p.p. en 2020, hasta 4,6%, como consecuencia, principalmente, de la incertidumbre y de la desaceleración estructural de China. Detrás de la mejora que el FMI espera en 2020 se encontrarían una recuperación en los países que atraviesan mayores dificultades, como Argentina, Irán o Turquía, y en algunos de los que han perdido impulso en 2019, casos de Brasil, India, México o Rusia. No obstante, esta progresión positiva es muy incierta, considerando que el FMI prevé que la desaceleración continúe en EEUU y China en 2020.

Los riesgos a la baja se han intensificado, como consecuencia de los conflictos comerciales y geopolíticos, incluido el Brexit, con una notable influencia negativa en las economías emergentes y Europa. En las economías avanzadas, puede ser un problema que la baja inflación persista, al reducir aún más el margen de maniobra de la política monetaria.

Para reactivar la expansión, los responsables políticos deben reestablecer normas estables para el comercio internacional y dar marcha atrás en las subidas de los aranceles. Además, los esfuerzos de la política económica deberían ser más equilibrados: la política monetaria no debe ser la única opción, sino que debe acompañarse de medidas fiscales, donde algunos países, como Alemania y Países Bajos tienen un amplio margen y el balance coste/beneficio de actuar parece claramente positivo. Con crecimientos tan modestos, cometer errores en las políticas económicas tendría un coste muy elevado y si la coyuntura sigue empeorando puede necesitarse una respuesta fiscal internacional coordinada, aunque adaptada a las condiciones específicas de cada país. Por otra parte, actuaciones multilaterales son la única solución para hacer frente a los grandes desafíos, como los derivados del cambio climático, la ciberseguridad, la evasión de impuestos y de las nuevas tecnologías financieras.

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