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FMI / Crecimiento de las economías emergentes con un entorno externo menos propicio

Publicado el 18/04/2017

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Las economías emergentes y en desarrollo han aumentado significativamente su papel dentro de la economía global en las últimas décadas, no solo como productores, sino como destino final de servicios y bienes de consumo. En los próximos años, las economías emergentes se enfrentan a un contexto global que no tendrá un impacto tan positivo en su crecimiento como el que supuso en la década de los 2000. Para contrarrestar esta circunstancia, deberán fortalecer sus marcos institucionales, asegurar su integración dentro del comercio mundial, liberalizar sus regímenes cambiarios, corregir los desequilibrios por cuenta corriente y reducir el peso de su deuda pública. 

El FMI analiza en el Capítulo 2 de su informe de Previsiones Económicas la situación a la que se enfrentan las economías emergentes y en desarrollo (EMDE, a partir de ahora) en un contexto en el que las condiciones externas no supondrán un impulso a su crecimiento tan importante como lo fue en las últimas décadas. El notable desarrollado alcanzado en los años de "bonanza" ha supuesto que las EMDEs hayan pasado aportar un 15% del crecimiento mundial en la década de los 70, a generar casi un 70% actualmente. Además, su importancia como consumidores de bienes y servicios ha evolucionado en paralelo: en los últimos cinco años han explicado el 72% del aumento del consumo mundial, cinco veces más que en los años 70.

Buena parte de este desarrollo económico ha venido propiciado por unas condiciones externas muy favorables. El FMI establece tres categorías de condiciones externas que afectan al crecimiento económico de un país: (i) demanda externa (medida como exportaciones ponderadas por su ritmo de crecimiento), distinguiendo asimismo, entre la demanda de China, resto de emergentes y desarrolladas; (ii) condiciones financieras (reflejadas en términos de flujos de capital en términos de PIB); y (iii) términos de comercio. El FMI ha estudiado el impacto que estas condiciones han tenido sobre la evolución de la renta per cápita en el periodo 1970-2014. La variable a explicar es el promedio de cinco años de la renta per cápita para, de este modo, suavizar la influencia de los ciclos económicos y el periodo analizado es 1970-2014 para un conjunto de 81 países.

Los principales resultados obtenidos por el FMI son:

• Un aumento de 1 p.p. del crecimiento de la demanda externa se asocia a un aumento de 0,4 p.p. en el crecimiento de la renta per cápita de los EMDEs en el medio plazo. Este elevado impacto puede reflejar, por ejemplo, las ganancias de productividad que se generan al ampliarse el mercado de un país gracias al comercio.

• Un aumento de 1 p.p. en el ratio de los flujos de capital sobre el PIB incrementa la renta per cápita en 0,2 p.p. en el medio plazo. Una mayor entrada de capitales se asocia a una relajación de las condiciones de financiación del país receptor, favoreciendo el crecimiento económico.

•·Un aumento de 1 p.p. en los términos de comercio impulsa el crecimiento de la renta per cápita en casi 0,5 p.p. en el medio plazo.

 

A la vista de estos resultados, se aprecia que la variable con mayor potencial para afectar al crecimiento es la de términos de comercio. Sin embargo, el análisis del FMI señala que, a lo largo del periodo analizado, ha sido la que menor contribución ha tenido al crecimiento de las EMDEs: en términos agregados, apenas 0,1 p.p., frente a los 0,8 p.p. aportados por las condiciones financieras y los 1,2 p.p. de la demanda externa. Estos resultados agregados, no obstante, ocultan información relevante:

• La evolución de estas aportaciones al crecimiento ha ido variando a lo largo del tiempo, sobre todo, en el caso de las condiciones financieras que cada vez tienen más importancia: desde 2000 han tenido una aportación media de 1,1 p.p. al crecimiento, frente a los 0,6 p.p. en media del periodo 1975-2000. Además, Asia y Europa emergente son las regiones donde el aumento de la importancia de los factores financieros ha sido más notable: en el primer caso, representan 1,3 p.p. desde 2000, frente a 0,6 p.p. en el periodo anterior; y en el segundo suponen 1,6 p.p. desde 2000, frente a 0,7 p.p. de 1975-2000.

• Por su parte, la contribución de la demanda externa se ha mostrado bastante estable, aportando en torno a 1,2 p.p. al crecimiento en todo el periodo analizado, si bien se aprecia un importante cambio de "orientación". Hasta los 2000, casi los 2/3 de la aportación al crecimiento de la demanda externa se explicaba por las economías desarrolladas, situación que cambió a partir de esa fecha, cuando las economías emergentes toman el relevo. Además, resulta especialmente significativa la irrupción de China: desde 2005, explica, por sí sola, más del 20% de la aportación total de la demanda externa, superando al conjunto de economías desarrolladas.

• En los países exportadores de materias primas la contribución de los términos de intercambio al crecimiento ha oscilado entre los -0,6 p.p. a mediados de los 80 (crisis del petróleo) a aportar casi 1,0 p.p. a comienzos de la década de los 2000 (boom de las materias primas).

• Por áreas geográficas, se aprecia que es Asia donde los factores externos han sido más importantes para el crecimiento: desde 2000 aportan 2,8 p.p. al crecimiento, frente a un rango entre 2,1 p.p.-2,5 p.p. en el resto de regiones emergentes.

Por tanto, resulta evidente que las condiciones vividas durante buena parte los 2000 (demanda global dinámica, unas entradas de capital elevadas y subidas en los precios de las materias primas) jugaron un papel determinante en el dinamismo mostrado por las EMDEs. Sin embargo, está situación ha cambiado en los últimos años y no se anticipa un cambio sustancial en los próximos años: (i) ritmo de crecimiento global modesto (débil expansión de las economías desarrolladas y estabilización del crecimiento en China); (ii) cotizaciones de las materias primas muy por debajo de los máximos anotados en 2014 (por ejemplo, se estima que el precio del barril de crudo será casi la mitad de sus máximos) y (iii) y en 2017 podría volver a registrarse una salida de capitales de las EMDs por cuarto año consecutivo, según estima el Instituto de Finanzas Internacionales. Además, hay que sumar el riesgo de proteccionismo en las economías desarrolladas y el deterioro de las condiciones financieras globales asociada a la normalización de las condiciones monetarias en EEUU. Por tanto, todo apunta a que el impulso al crecimiento de las condiciones externas será significativamente inferior en los próximos cinco años.

Pese a todo, el FMI sigue lanzando un mensaje relativamente optimista para las EMDEs que descansa, principalmente, en el margen de mejora del que todavía disponen estas economías. De hecho, pese al fuerte crecimiento experimentado en los años de bonanza, los niveles de renta per cápita de las EMDE siguen siendo muy bajos si se comparan con las economías desarrolladas: en casi el 90% de los EMDE la renta per cápita real es menos de la mitad que en Estados Unidos. Buena parte de esta divergencia se explica por las pobres ganancias de productividad que se observan en las EMDEs, lo que da una idea del margen de mejora que todavía tienen. Para compensar el menor impulso que las condiciones externas van a suponer para el crecimiento, las EMDEs deberían fortalecer sus marcos institucionales, adoptar políticas monetarias que fomenten la integración comercial, liberalizar sus regímenes cambiarios (en los casos que sea necesario) y reducir su vulnerabilidad corrigiendo sus déficit por cuenta corriente, limitando el peso de su deuda externa y controlando la evolución de su deuda pública total.

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