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España / La elevada mortalidad y el escaso tamaño de las empresas lastran las mejoras de productividad y eficiencia

Publicado el 23/02/2018

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A pesar de la mejoría de los datos macroeconómicos en los últimos años (el PIB ha aumentado un 13% y el empleo -EPA- un 12,1% desde mínimos), las secuelas de la crisis en la destrucción de tejido empresarial aún persisten. Si bien el número de empresas crece desde hace tres años, el tamaño medio sigue siendo muy reducido: casi el 96% tienen menos de 10 asalariados, un porcentaje que supera el de antes del estallido de la crisis y el de los países de nuestro entorno. Esto se traduce en mayores dificultades para acceder a financiación, innovar y mejorar la productividad y la competitividad.

El número de empresas activas en España aumentó en 2016[1] por tercer año consecutivo, un 1,4% hasta 3,28 millones, la cifra más alta desde 2010, si bien aún está un 4,1% por debajo de los máximos pre-crisis.

El tejido empresarial español se sigue caracterizando por el reducido tamaño de sus empresas: el 95,6% tenían menos de 10 asalariados (microempresas); incluso, 1,82 millones, el 55,5%, no contaban con ningún asalariado. Además, la atomización del tejido empresarial ha aumentado en los últimos años, ya que en 2008 dichos porcentajes eran del 94,1% y el 51,3%, respectivamente. Por su parte, apenas el 0,2% de las empresas tenían más de 200 empleados (grandes empresas).

Como se observa en la tabla anterior, aunque el mayor crecimiento acumulado desde 2014 corresponde a las empresas pequeñas y medianas, también son las que sufrieron un mayor ajuste desde 2008. En cambio, la cifra de las más pequeñas apenas es un 3% inferior a los niveles pre-crisis.  

La intensa destrucción de empleo durante la crisis fue el resultado de la reducción de puestos de trabajo en empresas que sobrevivieron, pero también de la desaparición de pequeñas empresas con pocos empleados. Y son precisamente estas últimas las que están protagonizando la recuperación del tejido empresarial, lo que podría explicar, en parte, que aún no se hayan recuperado los máximos pre-crisis de ocupación.  

Por otro lado, la proporción de microempresas en España se sitúa por encima de la media de nuestros socios de la UE y, sobre todo, de algunos de los países punteros en materia de innovación, como Alemania, Reino Unido, Finlandia o Dinamarca.

En cuanto a la antigüedad de las empresas españolas, a 1 de enero de 2017 tan sólo la sexta parte del total tenían 20 o más años, mientras que el 20,8% no habían cumplido los dos años de vida: son tres puntos más, en ambos casos, que cuatro años antes. Es decir, se aprecia una reducida supervivencia, o lo que es lo mismo, una alta mortalidad en el sector empresarial español.

En el siguiente gráfico, se observa que las dos características de las empresas analizadas anteriormente (tamaño y antigüedad) están íntimamente relacionadas. Así, las empresas más jóvenes suelen ser las más pequeñas (el 41,4% de las empresas con menos de dos asalariados no han alcanzado su segundo año de vida), mientras que las más antiguas se corresponden con las de mayor tamaño (el 45,1% de las empresas de 20 o más asalariados tiene más de 20 años).

Por actividades, los mayores porcentajes de empresas más pequeñas se registran en construcción y otros servicios, en especial actividades profesionales y científicas, auxiliares a los servicios financieros e inmobiliarias; en el extremo opuesto se sitúa la industria, que, además, anota la mayor proporción de empresas con más de 20 empleados (8,1%, cuatro veces más que la media nacional).

Por su parte, las empresas industriales también presentan la menor proporción de empresas más jóvenes (y, además, el mayor porcentaje de empresas veteranas, ya que el 28,8% tienen 20 años o más), en contraste con las del sector terciario, especialmente las hosteleras.

Por último, a lo largo del último año analizado (2016), 419.504 empresas iniciaron su actividad, la cifra más alta en, al menos, una década; no obstante, también aumentaron con fuerza las empresas que causaron baja: 385.165 cesaron su actividad, máximo desde 2012. Fruto de lo anterior, el saldo neto fue positivo por tercer año consecutivo (34.339 empresas), aunque inferior a los de 2014 y 2015.

Por actividades, contrasta el elevado saldo positivo en otros servicios, sobre todo actividades inmobiliarias, sanitarias y educación, con la destrucción neta en construcción y comercio.


[1] Datos a 1 de enero de 2017.

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