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España / La deuda externa aumenta en plena crisis sanitaria

Publicado el 25/09/2020

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La crisis del Covid-19 está contribuyendo a ampliar uno de los principales desequilibrios de la economía española, la posición deudora neta frente al exterior. Esto coincide, además, con la notable reducción de la capacidad de financiación, muy dañada por el parón que ha sufrido el turismo, que es una de nuestras principales fuentes de ingresos. Por su parte, la deuda externa bruta alcanza máximos históricos (188,3% del PIB). Detrás de este deterioro está el efecto denominador debido a la caída del PIB, un efecto tipo de cambio por la apreciación del euro frente a otras monedas y el aumento de la posición deudora del Banco de España frente al Eurosistema.

La posición de inversión internacional neta (PIIN)[1] de la economía, no sólo se mantiene en terreno negativo (deudor), sino que quiebra bruscamente la senda de corrección prácticamente ininterrumpida que se venía observando en los últimos dos años: crece en el 2T20 un 3,4% trimestral (-4,2% interanual), el mayor aumento desde 2011, hasta 908.375 millones de euros. En términos de PIB aumenta 6,5 puntos hasta el 77,5%, máximo desde el 1T19, debido, en gran medida, a la fuerte caída del PIB.  

Por instrumentos, el deterioro de la PIIN en abril-junio se debe al comportamiento de la inversión directa, cuya posición deudora aumenta 2,4 puntos hasta el 14,6% del PIB, la más alta en 14 años -afectada por el tipo de cambio-, y, en menor medida, de las inversiones de cartera, que siguen presentando el mayor saldo negativo (44,5% del PIB, casi dos puntos más que en el 1T20). Por el contrario, las otras inversiones (préstamos y depósitos) anotan una posición acreedora, equivalente al 2,2% del PIB (-0,3% anterior), algo que no sucedía desde 1996.

Por sectores, las AA.PP. y el Banco de España explican la ampliación de la posición deudora neta de la economía: en el primer caso, su posición deudora pasa del 49% al 52,6% del PIB, nuevo máximo histórico; en el segundo, crece 4,4 puntos hasta el 20,6%, la más alta desde el cierre de 2012. Por el lado positivo, se reduce el saldo deudor del sector privado no financiero, pasando del 8,9% al 8,3% del PIB, el más reducido desde 2002, mientras que el saldo acreedor de las instituciones financieras alcanza cotas máximas (4% vs 3,1% anterior).

Como se observa en el gráfico anterior, la PIIN negativa (deudora) sigue en niveles muy elevados, por encima de nuestros socios europeos y del umbral del Procedimiento de Desequilibrios Macroeconómicos (PDM) de la CE[2]. La corrección de este desequilibrio exige generar capacidad de financiación, algo que se ve dificultado en las actuales circunstancias, debido, fundamentalmente, al intenso deterioro del tradicional superávit turístico, en un contexto de cierre de fronteras o imposición de cuarentenas a los viajeros: entre abril y junio fue prácticamente nulo (tan sólo 23 millones de euros). En este sentido, la capacidad de financiación se hunde en el 2T20 un 82,8% interanual hasta 2.031 millones de euros, el peor registro en un segundo trimestre desde 2012; en consecuencia, en términos acumulados de cuatro trimestres, asciende a 21.483 millones, mínimo en seis años (1,8% del PIB vs 2,5% en el conjunto de 2019).

Por lo que respecta a la deuda externa bruta[3], aumenta en el 2T20 un 3,1% trimestral (+5,5% interanual) hasta rozar los 2,21 billones de euros, nuevo máximo histórico, con lo que se dispara hasta el 188,3% del PIB, 14,5 puntos más que en el trimestre anterior y 18,7 puntos por encima del cierre de 2019.

Por agentes, salvo las instituciones financieras (-1,4% trimestral hasta 463.889 millones de euros), todos contribuyen a la subida de la deuda, especialmente el Banco de España (+10,6% hasta 551.905 millones), seguido por las AA.PP., con un avance del 1,7% hasta 681.856 millones; en ambos casos, se trata de máximos históricos. Por lo que respecta al sector privado no financiero (familias y empresas), su deuda apenas crece un 0,1% hasta superar levemente los 285.000 millones.


[1] Diferencia entre el valor de los activos exteriores en manos de los residentes y el de los pasivos frente al resto del mundo. El cambio en las PIIN viene determinado por (i) las transacciones registradas en la cuenta financiera de la Balanza de Pagos, (ii) las revalorizaciones, por variaciones en los tipos de cambio o en los precios, y (iii) otros cambios en volumen (entre otros, cancelaciones unilaterales de préstamos o reclasificaciones).

[2] El PDM tiene como objetivos reforzar la supervisión macroeconómica y prevenir y corregir situaciones de riesgo, como elevados déficits por cuenta corriente, endeudamientos insostenibles o burbujas del mercado de la vivienda.

[3] Incluye únicamente los pasivos que generan obligaciones de pago; aproxima, por tanto, los pasivos exigibles. Comprende los saldos de todos los pasivos frente a no residentes que impliquen la realización futura de pagos por amortización, por intereses o por ambos; es decir, todos los instrumentos financieros, excepto acciones y otras participaciones de capital, participaciones en fondos de inversión y derivados financieros.

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