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España / El superávit por cuenta corriente cae con fuerza

Publicado el 28/02/2019

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El frenazo de la demanda externa, fruto del enfriamiento del comercio mundial, el menor empuje de las principales economías europeas y la recuperación de destinos turísticos alternativos, explica la intensa corrección del superávit de la balanza por cuenta corriente, que cerró 2018 en el 0,8% del PIB, un punto menos que el año anterior y el peor balance en seis años.

Por su parte, a pesar del peor entorno exterior, se sigue generando capacidad de financiación (desde hace siete años), si bien también muestra una senda descendente (1,2% del PIB vs 2,1% anterior). En este sentido, seguir generando capacidad de financiación es clave para avanzar en la corrección de la posición deudora frente al exterior, uno de los principales desequilibrios de la economía española.

Como es habitual en los últimos años (así ha sucedido desde 2012), la balanza por cuenta corriente registró superávit en diciembre de 2018, si bien fue ligeramente inferior al del mismo mes de 2017 (4.667 millones de euros vs 5.059 millones).

A pesar de que el deterioro del saldo corriente se fue amortiguando a lo largo del ejercicio, 2018 cerró con una intensa reducción del superávit, un 52,8% hasta 10.145 millones de euros (0,8% del PIB vs 1,8% anterior). El deterioro de la balanza corriente el pasado año fue casi generalizado por sub-balanzas, destacando, especialmente, el mal comportamiento del saldo comercial[1], tanto el componente energético, cuyo déficit aumentó un 21,3% hasta 25.132 millones, el más alto en tres años, como, sobre todo, el no energético, que duplicó su déficit hasta 8.708 millones de euros, el peor registro desde 2010. Por su parte, el superávit de la balanza de turismo se redujo levemente, un 0,3% hasta 40.455 millones. Por último, la balanza de rentas es la única que mejora, al reducir su déficit un 1,3% hasta 11.955 millones.  

Dentro de la balanza de bienes y servicios, las exportaciones crecieron en 2018 un 3%, cinco puntos menos que el año anterior, mientras que las importaciones, a pesar de que también se moderan, crecen muy por encima (+6,4% vs +9,5% en 2017):

•·        Entre las exportaciones, las de bienes crecieron un 2,9%, casi cinco puntos menos que el año anterior, lastradas, básicamente, por el debilitamiento de las ventas no energéticas (+1,9% vs +15,1% las energéticas); por su parte, los ingresos por turismo se frenan sensiblemente y crecen un 3,7% (+10,3% anterior).

•·        En cuanto a las importaciones, los pagos por turismo mantienen su elevado dinamismo y, por cuarto año consecutivo, registran tasas de dos dígitos (+11,7%). Por su parte, las compras de bienes crecen bastante menos (+5,6%, prácticamente la mitad que el año anterior): esta ralentización es fruto de la pérdida de vigor de las importaciones no energéticas (+3,7%), en contraste con el empuje que mantienen las energéticas (+18,3%).

Por lo que respecta a la balanza de capital, cerró 2018 con un superávit de 3.815 millones de euros, un 42,1% más que el año anterior. De la suma de los saldos corriente y de capital se obtiene una capacidad de financiación de la economía de 13.960 millones (-42,3%), la cifra más baja desde 2012.

En cuanto a la balanza financiera (excluido el Banco de España), registró en 2018 un saldo neto positivo de 38.427 millones de euros, lo que significa que las inversiones de españoles en el exterior superaron a las de extranjeros en España; es decir, hubo una salida neta de fondos, aunque inferior a la de un año antes (53.601 millones). El buen comportamiento de la otra inversión fue ampliamente contrarrestado por el deterioro de los saldos de inversión de cartera y, sobre todo, directa:

•·        El saldo positivo de la otra inversión (42.336 millones) fue el más alto en tres años (20.729 millones en 2017): al aumento de los activos (inversiones de españoles en el exterior) por 38.324 millones se añade la reducción de los pasivos (inversiones de extranjeros en nuestro país) por 4.015 millones.

•·        Por otro lado, el saldo de la inversión de cartera también fue positivo, aunque muy inferior al de la otra inversión (5.359 millones vs 18.196 millones el año anterior): los activos aumentaron por encima de los pasivos (42.116 millones y 36.757 millones, respectivamente).

•·        Por último, la inversión directa es la única que registró un saldo negativo, algo que no sucedía desde 2013 (-9.086 millones vs 16.901 millones en 2017). Esta evolución se deriva del mayor incremento de pasivos (38.236 millones vs 29.148 millones los activos). En la medida en que las inversiones directas tienen voluntad de permanencia, el hecho de que los no residentes decidan invertir en España en magnitudes elevadas es un signo de la fortaleza de nuestra economía y de la confianza que tienen en ella los mercados e inversores extranjeros.


[1] Datos de comercio de bienes (energéticos y no energéticos) en términos de Aduanas.

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