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España / El endeudamiento, en mínimos desde 2009

Publicado el 16/04/2019

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Aunque a un ritmo amortiguado, la economía española continúa desapalancándose: en 2018 la deuda total se redujo, por cuarto año consecutivo, hasta el 280,7% del PIB, gracias, fundamentalmente, al prolongado ajuste de la deuda del sector privado, que se encuentra en mínimos de 15 años.  

La deuda total de la economía española[1] (en volumen) registró en 2018 el mayor aumento en cuatro años, un 1,4% hasta 3,39 billones de euros; no obstante, dado que el PIB nominal creció con más intensidad (un 3,6%), la deuda en términos relativos prolongó su corrección y se redujo seis puntos hasta el 280,7% del PIB, la ratio más baja desde 2009.   

A esta corrección contribuye, tanto el sector público como, sobre todo, el privado. Por un lado, la deuda pública[2] se situó en el 128,6% del PIB, apenas seis décimas menos que en 2017.

Por lo que respecta al endeudamiento privado, se redujo 5,4 puntos hasta el 152,1% del PIB, mínimo en 15 años; en términos consolidados, se sitúa en el 133,4%[3]. En consecuencia, la deuda privada acumula una caída desde máximos 66 puntos de PIB, mientras que la pública ha aumentado desde mínimos en algo más de 89 puntos.

El endeudamiento de los hogares, en mínimos de 15 años

La deuda de los hogares cerró 2018 en poco más de 712.000 millones de euros, una cifra muy similar a la de un año antes (un 0,1% inferior, lo que supone el menor retroceso en una década). Dicha cantidad representa el 58,9% del PIB: hay que retroceder hasta 2003 para encontrar una ratio inferior. Respecto a los máximos de mediados de 2010, el descenso de la deuda es de 26,1 puntos de PIB.

En términos de la renta bruta disponible (RBD), la deuda se situó en el 97%, 3,2 puntos menos que en 2017 y la ratio más baja desde 2004.

Respecto a los flujos financieros de los hogares, la adquisición neta de activos financieros en el conjunto del año ascendió a 22.426 millones de euros. Esta cifra, la más alta desde 2010, se materializó en cuentas pendientes de cobro (6.900 millones de euros), fondos de inversión (9.749 millones) y, fundamentalmente, depósitos a la vista (63.349 millones). En cambio, se reducen los valores representativos de deuda (-4.970 millones) y las acciones, en especial las cotizadas (-9.670 millones).

Si a esto se le resta la intensa pérdida de valor de los activos a lo largo del año (-56.769 millones de euros), sobre todo por acciones y participaciones en fondos de inversión, el saldo total de activos financieros se contrae por primera vez desde 2012, un 1,6% hasta 2,15 billones de euros.  

En cuanto a la riqueza financiera neta de los hogares, se redujo un 2,9%, la primera vez que esto sucede en 10 años, hasta 1,37 billones de euros, cantidad equivalente al 186,8% de la RBD, casi 12 puntos menos que en el 4T17.

En cualquier caso, la mayor parte de la riqueza total de las familias (casi el 80% del total) se materializa en activos inmobiliarios, que al cierre de 2018 representaban el 436,3% del PIB, máximo desde 2012.   

En el caso de las empresas, su endeudamiento vuelve a niveles de 2004

Por primera vez en ocho años, la deuda de las empresas aumentó ligeramente en 2018, un 0,1% hasta algo más de 1,12 billones de euros, si bien en términos de PIB se sitúa en mínimos de 14 años (93,2% vs 96,4% anterior). La reducción desde máximos es de casi 40 puntos de PIB.

Por quinto año consecutivo, en 2018 aumentaran los pasivos netos contratados, aunque la cifra fue la menor desde 2015: 38.801 millones de euros, lejos de los cerca de 71.000 millones del año anterior. Estos pasivos fueron, básicamente, acciones no cotizadas (13.351 millones) y créditos comerciales (11.628 millones). También aumentó, aunque en menor medida, la contratación de valores representativos de deuda (8.470 millones), sobre todo del resto del mundo, y de préstamos (9.322 millones), fundamentalmente del resto del mundo y de otras empresas. En cambio, la contratación de préstamos de instituciones financieras sigue siendo negativa (desde 2009): -14.651 millones de euros.      

A este respecto, si bien la mayor parte de la deuda empresarial se sigue materializando en préstamos de instituciones financieras, el volumen (536.721 millones de euros) es casi un 45% inferior a los máximos de 2009 y representa el 47,7% del total, muy lejos de la cifra alcanzada en el arranque de 2008 (68,5%).

En cuanto a la adquisición neta de activos financieros, el pasado año superó ligeramente los 54.000 millones de euros, la cifra más baja desde 2015 (98.852 millones el año anterior). Esta cantidad se materializó en acciones no cotizadas y, en menor medida, depósitos transferibles.

Al igual que en el caso de las familias, los activos de las empresas también se depreciaron con fuerza en 2018: perdieron casi 67.000 millones de euros de su valor, lastrados por las participaciones en capital y fondos de inversión. Como resultado, el saldo total de los activos financieros registró el menor crecimiento desde 2012, tan sólo un 0,2% hasta 2,41 billones de euros.


[1] El concepto de deuda que se emplea a lo largo de esta nota incluye sólo la materializada en valores representativos de deuda y en préstamos. Asimismo, la deuda del conjunto de la economía no incluye instituciones financieras.

[2] El concepto de endeudamiento de las AA.PP. empleado en las Cuentas Financieras es más amplio que el utilizado por la CE en términos del Protocolo de Déficit Excesivo (PDE): este último, que se sitúa en el 97,2% del PIB, incluye las obligaciones brutas de las AA.PP. en efectivo y depósitos, títulos representativos de deuda (computados por su valor nominal y no por su valor de mercado) y préstamos, excepto los pasivos emitidos por Administraciones en manos de otras Administraciones. Descontados los pasivos entre Administraciones, la deuda de las AA.PP. asciende al 107,5% del PIB.

[3] Tan sólo cuatro décimas por encima del umbral fijado por la CE en el Procedimiento de Desequilibrios Macroeconómicos (PDM). El PDM tiene como objetivos reforzar la supervisión macroeconómica y prevenir y corregir situaciones de riesgo, como elevados déficits por cuenta corriente, endeudamientos insostenibles o burbujas del mercado de la vivienda.

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