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España / El Covid-19 causa una destrucción de empleo excepcional

Publicado el 28/07/2020

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Pese a la paulatina mejora en mayo y junio, tal y como reflejan los ligeros aumentos de la afiliación en ambos meses, el balance del mercado laboral -en términos EPA- en el segundo trimestre es históricamente negativo, aunque en línea con nuestras previsiones. Dado que los trabajadores afectados por ERTEs (según la EPA, serían aproximadamente unos 2,83 millones) siguen contando como ocupados, el tremendo impacto de la pandemia en el mercado laboral se refleja, no tanto en la destrucción de empleo (cerca de 1,1 millones, fundamentalmente asalariados temporales, a tiempo completo y en el sector privado), sino en la extraordinaria caída de las horas trabajadas (-22,6% trimestral), de modo que el descenso del PIB en el trimestre se situaría en torno al 18%.

Por lo que respecta a los parados, si bien sólo han aumentado en 55.000, lo que se ha producido ha sido un trasvase hacia inactivos (más de un millón, ya que no han podido buscar trabajo activamente), lo que ha mitigado el impacto en la tasa de paro, que repunta hasta el 15,3% de la población activa. Teniendo en cuenta que parte de los ocupados estaban es situación de ERTE, el número de personas realmente trabajando ha sido de 13,9 millones, apenas el 35,1% de la población de 16 años y más.

En cualquier caso, la situación actual es excepcional y habrá que esperar a los próximos trimestres para hacer una valoración más ajustada del mercado de trabajo tras la crisis.

La crisis derivada del Covid-19 y el estado de alarma, vigente durante la mayor parte del trimestre, han vuelto a tener importantes efectos sobre la EPA del 2T20, tanto en la elaboración de las entrevistas como en su impacto en las variables analizadas. En el primer caso, como ya sucedió en las últimas semanas de marzo, se han sustituido las entrevistas personales por telefónicas, lo que ha provocado una leve disminución del tamaño muestral; en concreto, se ha reducido un 3,79% el número de viviendas encuestadas respecto al mismo trimestre de 2019.

En el caso de las variables de la encuesta, por un lado, los trabajadores afectados por ERTEs no se consideran parados en términos EPA, sino ocupados, siempre que exista una garantía de reincorporación al puesto de trabajo tras el periodo de suspensión[1]. Estas suspensiones temporales de empleo, junto con la influencia de otros tipos de ausencias al trabajo (paro parcial por razones técnicas o económicas, o enfermedad, accidente o incapacidad temporal), sí se han reflejado en las horas de trabajo realizadas. Por otro lado, en esta situación excepcional muchos parados no han podido buscar empleo de forma activa o no han podido incorporarse a un hipotético trabajo que les fuera ofrecido, de modo que no se han clasificado como parados, sino como inactivos.

Destrucción de empleo sin precedentes

La ocupación se reduce 5,5% trimestral (-1,07 millones de empleos), en línea con lo que preveíamos y la mayor destrucción de puestos de trabajo de la serie (en cualquier trimestre); mientras, el volumen total de ocupados se sitúa por debajo de 18,61 millones, la cifra más baja desde el 1T17. Además, en términos desestacionalizados, el empleo también retrocede a una tasa desconocida, un 6,7%.

Como ya se ha comentado anteriormente, la verdadera gravedad de la situación que atraviesa el mercado laboral se ve reflejada, no tanto en la ocupación, sino en otros datos. Por un lado, los ocupados que no han trabajado en la semana de referencia, principalmente por razones técnicas o económicas o por estar sujetos a un ERTE, ascienden a 4,71 millones, 2,74 millones más que en el trimestre anterior; es decir, el número de ocupados que efectivamente han trabajado en el trimestre se queda en 13,9 millones (el 35,1% de la población de 16 y más años).  

Por otro lado, el número total de horas efectivas trabajadas ha registrado una caída sin precedentes, un 22,6% trimestral. Por actividades, la reducción del número de horas efectivas trabajadas ha sido generalizada, pero ha afectado con especial intensidad a los servicios, sobre todo hostelería.

La destrucción de empleo en abril-junio fue generalizada por situación profesional, tipo de contrato o sector público/privado, pero se concentró, básicamente, en (i) asalariados (-1,03 millones vs -36.100 los trabajadores por cuenta propia), (ii) temporales (-671.900 vs -361.400 los indefinidos), de modo que la tasa de temporalidad cae hasta mínimos de siete años (22,4%), (iii) a tiempo completo (-711.900 vs -362.100 los ocupados a tiempo parcial), y (iv) en el sector privado (-1,05 millones vs -22.000 en el público).

Por primera vez desde 2014, la tasa interanual de la ocupación se sitúa en terreno negativo: -6% (casi 1,2 millones de ocupados menos en el último año); además, hay que retroceder hasta mediados de 2009 para encontrar una tasa más negativa.

El peor segundo trimestre, en términos de paro, en ocho años

Aunque el paro se incrementa sólo en 55.000 personas (+1,7% trimestral), se trata del peor registro en un segundo trimestre desde 2012 (-123.700 hace un año). El volumen total de parados se aproxima a los 3,37 millones, el más alto de los últimos dos años, mientras que, en términos de población activa, dicha cifra equivale al 15,3%, nueve décimas más que en el trimestre anterior (14% hace un año).

En cualquier caso, la cifra de parados está claramente infraestimada, dado que la caída de la ocupación se ha traducido, principalmente, en un aumento de inactivos, por los motivos apuntados con anterioridad. En este sentido, la población inactiva aumenta en casi 1,1 millones de personas, el mayor aumento de la serie en cualquier trimestre.  

En términos interanuales, el paro aumenta, algo que no sucedía desde el 3T13: lo hace un 4,3%, lo que supone 137.300 parados más que hace un año.

Histórica caída de la población activa

Dado que buena parte de los parados han pasado a ser considerados inactivos, el volumen de activos en el trimestre se reduce con inusitada fuerza, en más de un millón de personas (-4,4% trimestral), tanto hombres como mujeres (-424.900 y -594.100, respectivamente), y sobre todo españoles (-843.900 vs
-175.200 los extranjeros).

Como resultado de lo anterior, la tasa de actividad intensifica la senda descendente que venía registrando y anota un fuerte descenso, casi tres puntos hasta el 55,5%, la más baja desde 2003.

Sólo Baleares se salva de la destrucción de empleo

Todas las CC.AA. reducen empleo en el trimestre, salvo Baleares, si bien sólo contrarresta muy ligeramente el desplome sufrido en el 1T20 (+9.200 vs -67.100). Entre el resto de las regiones, los mayores descensos corresponden a Madrid (-184400), Andalucía (-198.200) y Cataluña (-223.700). En términos relativos, la peor parada con diferencia es Canarias, con un retroceso del 11,6%, muy por delante de Cantabria y Cataluña.

Por lo que respecta al paro, en ocho regiones aumenta, destacando, especialmente, Comunidad Valenciana, Navarra, Madrid, Cataluña y Cantabria, con tasas de dos dígitos; en el extremo opuesto, con caídas superiores al 10%, se sitúan Castilla La Mancha, Extremadura, La Rioja y Baleares. En cuanto a la tasa de paro, contrasta el aumento respecto al trimestre anterior (más de dos puntos) en Cataluña, Cantabria y Canarias, con la reducción (más de cuatro puntos) en Castilla La Mancha y Extremadura. Canarias sigue siendo la región con la tasa de paro más alta, con el 22,2% de la población activa, casi tres veces más que en el País Vasco.

[1] Esta garantía queda fijada en una serie de RDL aprobados por el Gobierno, que culminaron con el RDL 24/2020 de medidas sociales de reactivación del empleo y protección del trabajo autónomo y de competitividad del sector industrial.

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