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EEUU / Trump eleva la amenaza al comercio mundial

Publicado el 02/03/2018

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El presidente Trump pretende introducir aranceles al acero y al aluminio y cumplir con una de sus principales promesas durante la campaña de 2016. La aprobación efectiva abriría una guerra comercial con las principales potencias exportadoras para proteger a un pequeño sector de la economía y tendrá consecuencias negativas sobre la industria manufacturera y sobre el bolsillo de los consumidores.

Trump ha hecho pública su intención de introducir aranceles sobre el acero (25%) y el aluminio (10%) para proteger a la industria local frente a las prácticas de dumping (venta por debajo de costes) que, a la luz de un informe del Departamento de Comercio, realizan algunas economías exportadoras (una clara alusión a la industria china).

La medida no ha sido una sorpresa total: se trata de una de sus principales promesas durante la campaña presidencial de 2016. Sin embargo, la mera noticia ha provocado fuertes caídas en bolsa y el anuncio de represalias por parte de los grandes exportadores, por lo que no está claro que vaya a aprobarse de forma efectiva a lo largo de la próxima semana. De hecho, aunque no lo necesita, no cuenta con el apoyo ni del Congreso ni del Partido Republicano. Para aprobarlo, el presidente pretende agarrarse a motivos de seguridad nacional y aprovechar vacíos en la legislación internacional de comercio.

Aunque la mayor parte de las acusaciones de comercio injusto se destinan a China, la realidad es que EEUU importa muy poco acero o aluminio del gigante asiático (apenas un 2% del total de las importaciones). Por ejemplo, los principales exportadores de acero hacia EEUU son Canadá (16%, con quien aún se encuentra negociando el nuevo acuerdo NAFTA), Brasil (13%), Corea del Sur (10%) y México (9%, de nuevo, en el objetivo de Trump); pero también grandes economías como Japón (5,0%) y Alemania (3,8%). De hecho, una de las principales voces en contra ha sido la de la propia Comisión Europea de manos del presidente Juncker.

Si finalmente sigue adelante con tales medidas, los efectos directos no son especialmente relevantes: aunque EEUU importa 1/3 de sus necesidades de acero y aluminio, estas importaciones apenas suponen el 2% del total. Sin embargo, los efectos indirectos y colaterales son más difíciles de cuantificar e impredecibles, pero parece claro que se extenderán al conjunto de la economía, siendo EEUU el principal perjudicado: la industria manufacturera comprará más caro sus inputs (la mera expectativa de esta medida ha disparado el precio del acero un 20% desde enero), podría dar paso a pérdidas de empleo en el sector (se estima que costó 200.000 una medida similar de Bush en 2002) y, en última instancia, será otro factor más de pérdida de poder adquisitivo para las familias (más presiones alcistas sobre los precios), por no hablar del riesgo de una guerra comercial que, probablemente, afectaría incluso a otros sectores.

La noticia se produce en un momento en que la economía mantiene el tono dinámico y expansivo de finales de 2017 (crecimiento del 2,9% en media anualizado en el 2T17-4T17). Sin ir más lejos, el anuncio coincidía con la publicación del ISM manufacturero, que alcanzó en febrero máximos en trece años. También se produce en un momento de continua revisión al alza del escenario de crecimiento para este año, debido al estímulo fiscal aprobado para 2018 y 2019. A la espera de saber si la medida sigue adelante, mantenemos nuestro escenario de crecimiento en el rango 2,5%-2,8% para este año.

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