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EEUU / Los demócratas inician un proceso de destitución contra el presidente Trump

Publicado el 25/09/2019

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La portavoz de los demócratas en el Congreso impulsa un proceso de destitución a raíz de unas conversaciones entre Trump y el presidente de Ucrania. Aunque el éxito del proceso parece reducido en sus inicios, todas las opciones están abiertas y lo único seguro es que introducirá aún más incertidumbre para el resto de legislatura, hasta las presidenciales de finales de 2020.

Nancy Pelosi, portavoz demócrata en la Cámara de Representantes, ha anunciado la apertura de un proceso de destitución contra el presidente Trump. Después de haber esquivado varios escándalos (la injerencia rusa y las presiones a Stormy Daniels han sido solo dos de los más destacados), el proceso se pone oficialmente en marcha tras las sospechas de que Trump presionó este pasado verano al presidente de Ucrania (habría retenido fondos de ayuda aprobados por el Congreso) para que investigara un caso de corrupción que implica a Joe Biden, congresista y rival directo en las presidenciales de 2020. Es decir, presiones a un mandatario extranjero, paralización de fondos aprobados por el Congreso y conspiración para perjudicar a un rival directo en las próximas elecciones.

Hasta ahora, Pelosi ha sido el gran freno de la corriente demócrata pro-impeachment desde que el partido se hiciera con la mayoría en la Cámara de Representantes el año pasado. La portavoz demócrata siempre ha preferido derrotar a Trump en las urnas, consciente de que un proceso de destitución tiene demasiados riesgos para los propios demócratas. El mejor ejemplo lo tienen, precisamente, en el iniciado contra Clinton en los años 90, donde el entonces presidente salió reforzado, repitió mandato, con una mayor margen y mayor popularidad, y mandó al olvido a Newt Gingrich, el entonces portavoz republicano de la Cámara de Representantes.

¿En qué consiste un impeachment? En primer lugar, el Comité Judicial de la Cámara lleva a cabo las investigaciones necesarias y, posteriormente, formaliza por escrito las acusaciones hacia el presidente. En esta ocasión, gran parte de esa fase de documentación y audiencias con los implicados se han venido haciendo desde julio, por lo que gran parte del trabajo ya estaría avanzado. A partir de ahí, la Cámara de Representantes vota, con carácter prioritario, si considera que esas acusaciones justifican un impeachment. Se necesita de una mayoría simple para ser aprobada y ser considerada por el Senado. Para ser aprobado por el Senado, se necesitan 2/3 de votos a favor. Hasta ahora, han tenido lugar tres procesos de destitución en el Congreso de EEUU: Andrew Johnson (1868) y Bill Clinton (1998) fueron absueltos; y Richard Nixon (1974) dimitió de su cargo antes de que finalizara la causa.

¿Qué impacto tiene un impeachment sobre la economía de EEUU? Los indicadores macro apenas se han visto afectados en anteriores episodios, más allá de cierto deterioro en las encuestas de confianza debido al aumento de la incertidumbre. Sí que se observa cierta reacción negativa en los mercados financieros en momentos clave: por ejemplo, cuando la Cámara aprobó el inicio del proceso contra Nixon (febrero de 1974) y contra Clinton (octubre de 1998), el S&P cayó un 0,5% y un 4,9%, respectivamente. Sin embargo, en el caso de la administración Nixon, otros factores que estaban afectando a la economía pudieron tener un papel más relevante, como la guerra en Oriente Medio, la caída del sistema de Bretton Woods, o la crisis del petróleo, entre otros. Por su parte, en el caso de Clinton, las bolsas ya se habían recuperado de las caídas incluso antes de que el Senado absolviera al entonces presidente.

¿Tendrá éxito el proceso actual? En primer lugar, la causa podría servir de revulsivo inmediato para las bases electorales de Trump, que jugará la carta de ser un perseguido por el establishment estadounidense, un discurso que gusta mucho entre sus seguidores. De hecho, el primer escollo de los demócratas será hacerse con el favor de la opinión pública. Por el momento, las encuestas disponibles recogen que el 60% de la población estadounidense no apoya una destitución por parte del Congreso. Los demócratas pro-impeachment argumentan que, en el caso de Nixon, el proceso también empezó con poco apoyo de la población y muchas dudas, hasta que el Congreso comenzó con las investigaciones, las audiencias se hicieron públicas e, incluso, se televisaron. Finalmente, las presiones hicieron que el propio presidente dimitiera. El segundo escollo es conseguir que el Senado apruebe la moción; un obstáculo, por ahora, insalvable. Los demócratas mantienen una cómoda mayoría en la Cámara desde las legislativas de 2018, pero los republicanos controlan el Senado (53 vs 47) y ninguno se ha mostrado públicamente favorable al proceso.

La Casa Blanca ha prometido hacer público esta misma semana las grabaciones de las conversaciones entre Trump y el presidente de Ucrania, así como el informe del funcionario delator de la Casa Blanca que sirvió de detonante para el caso de corrupción. En la medida en que estas pruebas sean (o no) esclarecedoras, es posible que se arroje más (o menos) luz sobre el éxito del proceso. Por el momento, es pronto para saber qué ocurrirá en esta ocasión: el proceso favorece a Trump en las encuestas electorales y redunda en una segunda legislatura (caso del impeachment de Clinton en 1998); o bien la causa coge fuerza en el Congreso, se gana el apoyo del electorado y acaba en destitución, en dimisión o en derrota electoral. Lo que parece claro es que se añade otro factor más de incertidumbre hasta las próximas elecciones de 2020 y todo indica que la agenda legislativa del presidente estará paralizada hasta entonces. Esto implicaría, por ejemplo, que medidas tales como la aprobación del Nuevo NAFTA se quedarían en vilo.

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