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EEUU / Las mid-term de noviembre marcan un antes y un después en la legislatura de Trump

Publicado el 07/11/2018

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Tal y como se esperaba, las elecciones legislativas reparten el poder del Congreso entre Republicanos (mantienen el Senado) y Demócratas (se hacen con la Cámara de Representantes), lo que permitirá un mayor control al gobierno y obligará a Trump a mejorar su capacidad de negociación para continuar con su agenda política en los próximos dos años.

Los resultados de las elecciones legislativas de noviembre (se votaba la totalidad de escaños de la Cámara de Representantes y un tercio de los del Senado) han confirmado lo que anticipaban las encuestas: los demócratas recuperan la Cámara de Representantes por un estrecho margen (ganan 27 escaños hasta 220 de un total de 435) y los republicanos amplían su mayoría en el Senado (ganan dos hasta 51 de un total de 100). Un Congreso dividido supone que, a partir de ahora, el gobierno y el partido republicano tendrán que ser capaces de negociar acuerdos bipartidistas con los demócratas en materias clave, como la política fiscal, la comercial, la migratoria o la sanitaria, entre otras.

Por el momento, las figuras más destacadas por ambas partes (Nancy Pelosi por los demócratas y Trump) se han mostrado favorables a estrechar su colaboración, por lo que el mercado ha acogido de forma positiva los resultados de las elecciones (+0,9% el S&P500). Además, el hecho de que los republicanos hayan ampliado su mayoría en el Senado hace más complicado que triunfe un proceso de destitución del presidente, uno de los principales temores que se planteaban a partir de una victoria demócrata en la Cámara de Representantes.

Lo que parece claro es que Trump tendrá que cambiar de estrategia y ya no podrá gobernar con la facilidad que lo ha hecho hasta ahora. Los demócratas han expresado su intención de revisar la labor del gobierno en los dos primeros años del mandato de Trump y ya tienen una lista de citaciones, documentación y nuevas investigaciones que pretenden abrir, no solo sobre el caso Mueller, sino sobre la falta de transparencia el uso de fondos públicos por parte del gabinete del presidente, el papel de la familia Trump como asesores del gobierno, posibles conflictos de interés en sus negocios privados o las dudas sobre su historial fiscal en el impuesto de la renta, entre otros asuntos que, hasta ahora, no se han debatido gracias al paraguas que suponía un Congreso controlado por los republicanos.

Aunque está claro que la mayor parte de esas investigaciones solo buscarán "hacer ruido", permitirán a los demócratas ampliar su poder negociador en su agenda económica y social y posicionarse de cara a las próximas presidenciales de 2020. En realidad, los desacuerdos entre la Casa Blanca y los demócratas no son tan amplios como se pueda pensar. Además, la disposición de la administración Trump de obtener resultados y sacar adelante acuerdos permite pensar que los próximos años no estarán caracterizados por una mayor parálisis legislativa.

Las mayores tensiones se producirán en política fiscal, en materia regulatoria y en la política migratoria. En primer lugar, la intención de los republicanos de hacer permanentes los recortes impositivos actuales tendrá en contra a unos demócratas que prefieren gravar más a las rentas altas y cambios en la fiscalidad de empresas con beneficios en el exterior. En el segundo caso, parece claro que la victoria demócrata frenará una de las grandes prioridades de la actual administración: la fuerte desregulación en sectores como la automoción, la energía y las finanzas. En política migratoria, Trump tiene más margen de maniobra en solitario a través de órdenes ejecutivas; si bien es cierto que puede realizar concesiones a los demócratas para ganar rédito en otros aspectos de su agenda política.

Existen otros aspectos en los que el partido demócrata estará del lado de la Casa Blanca. Destaca el plan de infraestructuras que Trump enarboló a principios de año (1,5 billones de dólares), pero no contó con el apoyo de su partido frente a la actitud positiva demócrata. Otra de las prioridades del gobierno que contará con el apoyo demócrata es la presión sobre la industria farmacéutica para rebajar los precios de los medicamentos. Menos claro está el entendimiento entre ambos en política comercial: el Congreso tendrá que aprobar a principios de 2019 el nuevo acuerdo Nafta y el apoyo demócrata es más posible que en anteriores ocasiones, teniendo en cuenta que recoge mayores salarios para los trabajadores mexicanos y una mayor proporción de producción manufacturera en suelo estadounidense. Lo que sí que parece que va a cambiar es la actual tendencia del gobierno de renegociar acuerdos comerciales de forma bilateral con sus socios comerciales: el necesario permiso del Congreso será, ahora, más difícil de conseguir.

En balance, es pronto para hacer una valoración de los resultados de las elecciones, pero parece claro que la segunda parte de la legislatura de Trump será muy diferente a los dos primeros años. En principio, un mayor consenso legislativo entre las partes y un mayor control al gobierno por parte del Congreso debería ser positivo para el escenario y los mercados, ya que reduce el comportamiento volátil del gobierno. Trump no es el único que se ha enfrentado a un escenario de este tipo: Clinton, George W. Bush y Obama también tuvieron que continuar con su agenda política sin el control del Congreso.

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