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EEUU / La inflación aumenta algo menos de lo esperado en abril

Publicado el 10/05/2018

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La inflación mantuvo cierto tono alcista, impulsada por vivienda y energía. Aunque es cierto que el registro de abril ha sido algo menor de lo esperado (al menos, respecto a la inflación subyacente), las expectativas de corto plazo siguen siendo alcistas.

 

La inflación aumentó una décima en abril hasta 2,5%, principalmente, debido al encarecimiento en las partidas de energía. Por su parte, la subyacente permaneció en 2,1% por segundo mes consecutivo; si bien se esperaba que se situará en 2,2%, parece consolidarse por encima del 2,0% y en máximos desde el 1T17.

Entre las partidas más volátiles, energía explica la mayor parte del aumento de la inflación general en abril: su interanual volvió a aumentar (7,9% vs 7,0%) y aportó 0,5 p.p. a la inflación total, una décima más que en marzo. El aumento responde al repunte en el precio de la gasolina (13,4%), frente a las partidas de servicios energéticos (electricidad y gas), que continúan moderándose y su interanual ya se encuentra en mínimos desde finales de 2016 (1,2% vs 2,1%).

Entre las componentes de la inflación subyacente, las presiones alcistas se concentran en las partidas de vivienda (3,4% interanual máximo en un año). Sin embargo, ese efecto se compensó con la desinflación que se observa en los precios de los bienes (-0,4% vs -0,3%), donde destaca el fuerte descenso en el precio del tabaco y derivados (3,0%, en mínimos desde mediados de 2016) y de vehículos nuevos (-1,6%, en mínimos de la expansión actual).

El dato de abril no modifica nuestras expectativas de corto plazo. Sin embargo, el alza del precio del petróleo en las últimas semanas debido al aumento de la inestabilidad en Oriente Medio (el barril WTI supera los 70 dólares) obliga a considerar un aumento mayor de lo esperado en la partida de energía en el corto plazo. Asumiendo que el precio del petróleo no aumenta significativamente desde los niveles actuales, el mayor "efecto base" en energía se producirá en junio-julio, donde esperamos que la inflación alcance un máximo en torno al 2,7%-2,8%. A partir de ahí, podría descender gradualmente (2,3% estimado a finales de este año). Por su parte, mantenemos la expectativa de que la subyacente cierre el año en torno al 2,5%.

El registro de abril se suma al resto de señales inflacionistas en las últimas semanas. Por un lado, el deflactor subyacente del consumo, la medida preferida por la Fed para seguir la evolución de los precios, aumentó en marzo más de lo esperado (1,9% vs 1,6%). Por el otro, el mercado laboral sigue ajustándose (la tasa de paro marcó un nuevo mínimo cíclico en abril) y los salarios comienzan a dar señales de aceleración (crecieron en el 1T18 a ritmos máximos en la expansión, según el índice de costes laborales). Por su parte, la Fed no se muestra preocupada por el aumento de la inflación: aunque reconoce que se encuentra en torno a su objetivo, señala que ese objetivo es simétrico y que, por tanto, tasas por encima del 2,0% no suponen necesariamente una mayor intensidad de subidas en el tipo de interés de referencia.

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