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EEUU / La economía rebota más de lo esperado en el 3T20

Publicado el 29/10/2020

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El proceso de reapertura se refleja en un fuerte repunte en el PIB, que crece en 33% trimestral anualizado en el 3T20, el mejor registro en la serie histórica y superior a las expectativas del mercado. El desglose muestra un rebote en la demanda interna, con el consumo privado a la cabeza, al tiempo que el sector exterior resta al crecimiento. Los datos mensuales revelan un patrón de “más a menos” a lo largo del trimestre, que parece extenderse al último tramo del año. Además, siguen dominando los riesgos a la baja debido a la emergencia sanitaria, las elecciones de noviembre y al agotamiento de los estímulos para minimizar los daños de la pandemia, especialmente sobre las familias.

La liberación de las restricciones a la movilidad y a la actividad produce un histórico rebote en la economía: el PIB crece a una tasa trimestral anualizada del 33,1% en el 3T20, lo que supera ligeramente las expectativas del mercado (31,0% de acuerdo a Reuters), después de registrar una caída de 31,4% durante los meses de "hibernación" en el 2T20. Se trata del avance más pronunciado en la serie histórica, aunque el PIB todavía se sitúa un 3,5% por debajo del nivel previo al estallido del coronavirus en el 4T19 y hay 10 millones menos de puestos de trabajo que en febrero. Los datos ubican a EEUU como uno de los países desarrollados que más rápido se está recuperando del shock viral, especialmente al ser comparado con la UEM (esperamos que el PIB en el 3T20 sea 7% inferior al 4T19).

Por componentes, se observa un intenso repunte de la demanda interna (36,2% trimestral anualizado) que, en gran medida, se beneficia del aumento del gasto privado por la relajación de las medidas extremas de distanciamiento social impuestas en la primavera para controlar la pandemia. En primer lugar, destaca el rebote del consumo privado (40,7%), principalmente en las compras de bienes duraderos (vehículos y equipos electrónicos) y de servicios, siendo, estos últimos, los rubros más afectados durante la recesión. Efectivamente, la evolución mensual de las ventas minoristas y del consumo privado revelan un patrón de "más a menos" durante el trimestre, que refleja el impulso inicial generado por la demanda embalsada durante el confinamiento. Asimismo, los hogares se han beneficiado de condiciones crediticias muy favorables y el proceso de reincorporación laboral (se han recuperado en torno a la mitad de los trabajos perdidos). Por su parte, las familias han hecho uso de sus ahorros (la tasa de ahorro descendió desde 26% de la renta disponible en el 2T20 hasta 16%) para sortear el impacto de la expiración de varias ayudas fiscales en julio, lo que se manifestó en una contracción de 13% de su renta disponible durante el 3T20.

El segundo motor del crecimiento en el 3T20 fue el sector de la vivienda: la inversión residencial se expandió a una tasa trimestral anualizada del 59,3%, que contrasta con la caída de 35,6% en el 2T20. Los indicadores mensuales han mostrado un fuerte avance en la demanda de vivienda, que refleja lo fácil que está resultando acceder a créditos (los tipos de interés a 30 años son 70 pb inferiores a los de hace un año), la mejora en la confianza y los cambios de hábitos a lo largo de la pandemia. En ese sentido, la oferta ha intentado equipararse (el número de viviendas iniciadas creció en 11% interanual en el 3T20), si bien las limitaciones del stock se han agudizado: el número de viviendas en venta a finales de septiembre fue 12% inferior al mismo mes del 2019, y se "agotaría" en 3 meses de acuerdo al ritmo actual de la demanda. No sorprende que, en este contexto, los precios de las viviendas se estén acelerando: el precio de la vivienda media de segunda mano aumentó un 15% interanual en septiembre, frente al 5% promedio en 2019.

Por su parte, la inversión en bienes de equipo también se recupera con fuerza en el 3T20 (70,1%) y rompe con el período de caídas consecutivas registradas desde el 2T19 (-36% en el 2T20). A pesar del repunte, la inversión en equipo es uno de los componentes que más se ha visto afectado desde el estallido de la crisis, acusando principalmente, la mayor incertidumbre de los agentes producto de la pandemia y en torno a las elecciones presidenciales de noviembre, que pudiera traer importantes cambios en la política tributaria, sanitaria, exterior y ambiental. Las mayores compras de bienes de capital en el verano probablemente reflejan los esfuerzos de las empresas por ajustar la infraestructura y maquinaria a las nuevas exigencias de la demanda. No obstante, existe una abundante capacidad ociosa que aún no está en uso: la utilización de la capacidad instalada en la industria, por ejemplo, se ubicó en 71,5% en septiembre frente al 77,8% promedio en 2019.

En cuanto a los flujos comerciales, su contribución al crecimiento fue negativa en el 3T20: -3,1 p.p. después de sumar 0,6 p.p. al crecimiento del segundo trimestre. El comportamiento se explica por el fuerte rebote de las importaciones (91%), que entran en la ecuación del PIB con el signo contrario, y reflejan el marcado empuje de la demanda interna y la mayor acumulación de inventarios, que suman 6,6 p.p. al PIB. Por su parte, las exportaciones se expandieron un 60%, principalmente debido al repunte de las ventas al exterior de bienes manufactureros, ante la reapertura del comercio internacional.

En balance, las cuentas nacionales ponen al desnudo el comportamiento de la economía durante la primera fase de la recuperación, período caracterizado por un rebote del gasto privado y de las exportaciones más fuerte que lo esperado, si bien bajo un patrón de "más a menos". Este repunte inicial permitió regenerar 2/3 del total de las pérdidas del PIB en el primer semestre del año. La recuperación del tercio restante, no obstante, será más difícil y, previsiblemente, ocurrirá en un período de tiempo mucho más largo (sobre principios de 2022, según nuestras estimaciones). Efectivamente, la evolución de los datos mensuales e indicadores de alta frecuencia evidencian una fuerte pérdida de dinamismo en la segunda fase de la recuperación, que también ha visto un patrón desigual por sectores productivos. Además, el último trimestre del año comenzó con un marcado repunte en el ritmo de contagios de Covid-19, lo que amenaza aún más las perspectivas de la reactivación, especialmente sí conllevan a la reimposición de restricciones a la movilidad.

La dirección que tome la política económica también será clave, en especial la posible aprobación de nuevas medidas de estímulo fiscal, dada las limitaciones de la política monetaria. El tamaño y la composición de un nuevo paquete fiscal será determinado por el resultado de las elecciones presidenciales de noviembre. Una "gran victoria" demócrata en la presidencia y en el Congreso implicaría un estímulo de mayor envergadura y más inmediato (en torno a los 3 billones de usd, o 14% del PIB), frente al resto de los escenarios más probables: (i) presidencia demócrata, pero un poder legislativo dividido (como en la actualidad); (ii), reelección de Trump (entre 1 y 2 billones) sin contar tampoco con el control del Congreso; o (iii) un resultado disputado en las elecciones a la presidencia con batallas legales. Asimismo, las perspectivas de la recuperación se verían notablemente afectadas por la producción y distribución de una vacuna en contra del virus, un tratamiento efectivo o métodos de testeo mucho más masivos.

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