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EEUU / Covid-19 destruye en un mes el empleo de casi una década

Publicado el 08/05/2020

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La hibernación económica a raíz de Covid-19 se traduce en una pérdida de más de 20 millones de puestos de trabajos en abril, casi la totalidad del creado en la última década. La tasa de paro salta, hasta un nuevo máximo de 14,7%, si bien su incremento es atenuado por una menor participación en el mercado laboral. La moderación en las peticiones de subsidio por desempleo sugiere que lo peor ya probablemente ha pasado, aunque una recuperación en forma de “V” es muy poco probable.

 

La paralización en la actividad económica por la crisis del coronavirus sacude bruscamente el mercado laboral: la economía pierde 20.500.000 empleos en abril, de lejos, el peor mes en toda la serie histórica, y tras un descenso de 870.000 en marzo. La destrucción de empleo en los dos últimos meses representa el 91% de todos los puestos de trabajo creados desde el inicio del 2010 y más que duplica las pérdidas durante la crisis financiera global del 2008-09. Se trata del ajuste mensual más intenso en los registros del mercado laboral estadounidense.

Entre sectores, destacan: (i) el marcado descenso de empleo en los servicios, que son las actividades económicas más afectadas por el shock viral y las consecuentes medidas de confinamiento; (ii) la intensificación en las pérdidas de empleo en la industria y, sobre todo, (iii) en la construcción, que registra un descenso de plantilla equivalente de cinco veces de las contrataciones efectuadas en todo el 2019, año caracterizado por el fuerte repunte inmobiliario. No sorprende que, entre los servicios, el ocio y la hostelería continúen acusando la mayor pérdida de empleo durante la crisis, en torno al 40% del total.

Por su parte, la encuesta de hogares recoge una tasa de paro que crece desde 4,4% hasta 14,7%, un nuevo máximo desde el inicio de la serie mensual (1960). El aumento en abril ha sido atenuado por una caída de 2,5 pp hasta 60,2% en la tasa de participación, lo que refleja una salida masiva del mercado laboral (la población activa se contrae en 6,4 millones), tanto de aquellos individuos que perdieron sus puestos de trabajo a causa de la crisis como aquellos que estaban desempleados y han abandonado la búsqueda. De hecho, la tasa de paro U6, que incluye a los empleados que quisieran trabajar más horas, pero no pueden, y los desempleados que no buscan trabajo por no ver perspectivas de poder encontrar, se incrementó con mayor intensidad (en 14,1 pp hasta 22,8%). La tasa de empleo (ratio de empleados respecto a la población en edad de trabajar), que refleja más adecuadamente la situación del mercado laboral en la coyuntura actual, cae en 8,7 pp hasta un nuevo mínimo histórico de 51,3%. Por su parte, las horas promedio trabajadas por semana se mantienen estable alrededor de 34, al tiempo que el sacudón en el mercado hace que el ritmo de crecimiento interanual de los salarios salte hasta el 7,9%, lo que refleja la concentración de la destrucción de empleo en los sectores terciarios con relativa baja compensación.

En definitiva, el informe de abril pone al desnudo el brutal impacto que está significando la crisis del coronavirus en el mercado laboral estadounidense que, hasta hace apenas un par de meses, se encontraba en su mejor momento de los últimos cincuenta años. A diferencia de España y de otros países europeos, las autoridades de EEUU han permitido que el mercado laboral se ajuste casi de manera automática a la paralización de la actividad económica, lo que se ha reflejado en un deterioro mucho más marcado en las estadísticas laborales (en la UEM, por ejemplo, la tasa de paro subió apenas en 0,1 p.p. en marzo). Sin embargo, en EEUU, el consecuente arrastre en la renta real disponible de los agentes se verá atenuado no solo por la moderación de la inflación sino, principalmente, por las abundantes ayudas financieras del sector público, que incluyen desde transferencias directas de efectivo a las familias hasta alivios fiscales, crediticios y financieros a la pequeña y mediana industria. El impacto en el consumo puede ser más significativo si la incertidumbre lleva a los hogares a guardar parte de las ayudas en ahorros; de hecho, la tasa de ahorro subió hasta 13,1% de la renta disponible en marzo, el máximo nivel desde finales de 1981. Esto dependerá, principalmente, de la evolución de la epidemia.

De lado positivo, la moderación en las peticiones de ayuda por desempleo, que en la semana que culminó el 2 de mayo, sumaron 3,43 millones, en torno a la mitad que hace un mes, sugiere que lo más fuerte del ajuste ha quedado probablemente atrás, a medida que más estados se incorporan a los planes de reapertura económica. No obstante, la falta de evidencia convincente de estabilización y control en la propagación de la pandemia hace pensar que el proceso de reactivación económica será gradual, con ritmos distintos por sectores y regiones, y que fácilmente se puede extender hasta bien adentrado el verano. La consecuente reintegración laboral probablemente seguirá un patrón más en forma del signo de "nike" (es decir, más paulatinamente que lo que anticipábamos hace unas semanas) que de "V", con la tasa de paro manteniéndose en los dos dígitos al menos hasta finales del 2020.

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