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Comisión Europea / La UEM encara su quinto año de expansión

Publicado el 11/05/2017

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La Comisión Europea presenta en su informe de primavera un escenario de crecimiento e inflación para la UEM que apenas se modifica respecto al publicado en su edición de invierno. Señala a la debilidad de la inversión y al lento ajuste en el mercado de trabajo como los principales responsables del bajo crecimiento potencial de la región, lo que limita la intensidad de la recuperación. Aunque los riesgos están más equilibrados que en invierno, siguen centrados a la baja, sobre todo, por causas externas: política económica en EEUU, aumento del riesgo geopolítico en Oriente Medio y Asia y posible parón brusco de China.

La CE apenas ha modificado su escenario de crecimiento e inflación respecto al presentado en su informe de invierno. Para el PIB de la UEM, eleva en una décima su variación en 2017 hasta el 1,7%, y mantiene sin cambios su previsión del 1,8% para 2018. Aunque en la mayoría de los casos apenas hay cambios significativos en las previsiones respecto al informe de invierno, se demarcan, positivamente España (+0,5 p.p., en 2017 hasta 2,8%; y +0,3 p.p. en 2018, hasta 2,4%) y, negativamente, Grecia (-0,6 p.p. tanto en 2017, como en 2018, hasta 2,1% y 2,5%, respectivamente). Para la inflación de la UEM, revisa una décima a la baja su previsión tanto para 2017 como para 2018, hasta el 1,6% y el 1,3%, respectivamente.

Según estas estimaciones, la UEM encararía en 2017 su quinto de año de expansión pero presentaría un patrón de crecimiento algo frágil, ya que la inversión en capital fijo todavía crece a ritmos muy reducidos y en 2018 todavía podría situarse en niveles un 5% inferiores a los marcados antes de la crisis de 2008. Además, en algunos países sus sistemas bancarios no se encuentran en el mejor momento para aprovechar la oportunidad de financiar nuevos proyectos de inversión.

La CE señala, asimismo, que tras cinco años de crecimiento, el mercado de trabajo aún se encuentra bastante alejado de una situación de equilibrio: la tasa de paro, aunque en claro descenso, todavía está por encima de los valores previos a la crisis; y el número de empleados y el número de horas trabajadas por persona siguen por debajo de los niveles pre-crisis. Estos factores (debilidad de la inversión y lento ajuste de mercado de trabajo) reducen el crecimiento potencial de la economía (en torno al 1,2%) y explican la reducida capacidad de aceleración del PIB de la UEM.

También se muestra preocupada por las pobres ganancias de productividad de la UEM (apenas un 0,3% en 2016 y espera un 0,6% en 2017, la mitad que antes de la crisis), que limitan el margen de subidas adicionales en los salarios: en términos nominales crecieron un 1,3% en 2016 y se espera que aumenten hasta un 1,8% en 2017 (2,5% antes de la crisis). Esta modesta evolución de los salarios limita el margen de mejoras adicionales del consumo privado y, además, es uno de los elementos que explica el lento ajuste de la inflación. La CE señala que los últimos repuntes de la inflación no implican, todavía, un cambio claro de tendencia al alza. De hecho, sus previsiones recogen un nuevo descenso de la inflación en 2018.

Asimismo, la CE reconoce que la recuperación todavía no tiene la robustez necesaria para mantenerse sin la ayuda de políticas económicas de estímulo. En este sentido, destaca la necesidad de estimular la inversión pública y de volver a dar prioridad a medidas de gasto público pro-crecimiento. En términos generales, las políticas de austeridad llevadas a cabo en los últimos años y la menor factura en el pago de intereses han reducido el déficit fiscal hasta referencias que permiten unas políticas fiscales algo más expansivas, o, en todo caso, neutras. Paralelamente, los ratios de deuda sobre PIB han venido reduciéndose y, en la mayoría de los casos parece descontado que el techo de deuda ya se tocó o se tocará en 2017 (caso de Italia, con un 133,1% del PIB). Sin embargo, Francia destaca negativamente en este apartado de cuentas fiscales. Por un lado, presenta unos déficit fiscales que, en términos de PIB, más duplicarán la media de la UEM (seguirán por encima del 3,0%, al menos, hasta 2018) lo que condiciona la tendencia al alza de la deuda pública, que seguirá aumentando hasta 2018, cuando alcanzará un 96,7% del PIB.

En balance, la CE presenta un escenario para la UEM de práctica estabilidad en el ritmo de crecimiento y presiones sobre la inflación muy limitadas, en dónde los riesgos se encuentran más equilibrados que en el informe de invierno, pero siguen concentrándose a la baja, sobre todo por motivos externos. La incertidumbre acerca de las políticas económicas que aplicará la administración Trump sigue siendo muy elevada, a lo que hay que sumar el aumento de las tensiones geopolíticas en Oriente Medio y Asia del este y los temores de un ajuste desordenado en China. En el ámbito interno, por su parte, los riesgos políticos se irán reduciendo a medida que se celebren las elecciones previstas a lo largo del año (los resultados de las presidenciales en Francia y el inicio del proceso de las regionales en Alemania han alejado, por el momento, los temores de que los partidos antieuropeos gobiernen). No obstante, la incertidumbre que rodea al proceso del Brexit sigue siendo muy elevada y también hay que tener en cuenta la debilidad de los sistemas bancarios de algunos países (Italia sería el caso más grave), a pesar de que, en términos generales, la posición de los balances bancarios es más robusta que hace unos años.

España: crecimiento fuerte y equilibrado

La CE constata que el dinamismo de la economía española, no sólo sigue superando las expectativas, sino que lo hace con un patrón de crecimiento más equilibrado que antes del estallido de la crisis: el superávit exterior está en máximos históricos y, si bien siguen en niveles todavía elevados, se están corrigiendo los principales desequilibrios (paro y deuda). A este respecto, eleva su previsión de crecimiento del PIB para 2017 (medio punto hasta el 2,8%) y 2018 (tres décimas hasta el 2,4%). El buen tono de la actividad seguirá traduciéndose en una intensa creación de empleo, superior al 2% anual, mientras que la tasa de paro caerá hasta mínimos desde 2008, por debajo del 16% de la población activa el próximo año.

Por otro lado, el favorable contexto económico, junto con el repunte de la inflación y el impacto de las recientes subidas fiscales, que afectan principalmente a las empresas, facilitarán la corrección del déficit público: la CE cree que cerrará 2017 en el 3,2% del PIB (4,3% el pasado año), muy cerca del objetivo (3,1%), mientras que el año próximo se situará cuatro décimas por debajo del 3%, lo que permitirá a España abandonar el Procedimiento de Déficit Excesivo. No obstante, el ajuste del déficit estructural sigue siendo muy escaso: apenas se reducirá una décima respecto a 2016 hasta el 3,4%. Por lo que se refiere a la deuda de las AA.PP., prolongará su lenta reducción, desde el 99,4% del PIB en 2016 hasta el 99,2% este año y el 98,5% el próximo.

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