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Comisión Europea / El shock Covid-19 más fuerte y asimétrico de lo esperado apenas hace dos meses

Publicado el 08/07/2020

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La Comisión Europea (CE), en su informe interino de verano, revisa a la baja, nuevamente, sus previsiones de crecimiento para la UEM: en 1,0 pp hasta -8,7% para el 2020 y en 0,2 pp hasta 6,1% para el 2021. La actualización de las proyecciones revela una marcada asimetría del impacto de la crisis por países, reflejado en mejores expectativas en países como Alemania y revisiones a la baja en países del sur, como España e Italia. Además, considera que los riesgos continúan sesgados a la baja, ligados a la evolución de la pandemia y a sus posibles repercusiones, tanto cíclicas como estructurales.

La prolongación de las medidas impuestas para contener el coronavirus llevó a la CE a revisar a la baja sus previsiones de crecimiento para este año en la región (para la UE en 0,9 pp, hasta -8,3%; para la UEM en 1,0 pp, hasta -8,7%), comparado con las proyecciones realizadas a principios de mayo. De acuerdo a sus estimaciones, la actividad económica en el mercado común operó entre 25% y 30% inferior a lo normal durante los meses de hibernación económica, que se mantuvieron por más tiempo que lo esperado inicialmente. Como resultado, la CE proyecta que el PIB de la UEM se contraiga un 13,6% trimestral en el 2T20, la caída más pronunciada desde que existen datos. El proceso de reapertura económica, que ha tomado mayor impulso en el mes de junio, se traducirá en un rebote en la actividad en la UEM en el segundo semestre (8,8% trimestral en el 3T20 y 3,4% en el 4T20); eso sí, bajo el supuesto de que un hipotético repunte en el contagio no conlleve nuevas medidas de confinamiento y distanciamiento social.

La recuperación proyectada para el 2021 también fue revisada a la baja: en 0,3 pp para la UE, hasta 5,8%, y en 0,2 pp para la UEM, hasta 6,1%. De hecho, la CE estima que a finales del año que viene, el PIB en la UEM será 2% inferior al nivel previo al estallido de la crisis, y 4,5% inferior al nivel proyectado para el 4T21 antes del coronavirus. La dimensión del shock implicará pérdidas significativas en el mercado laboral, que difícilmente recuperará la situación previa a la crisis en los próximos años y esto a pesar de la puesta en marcha de los programas de empleo temporal (como ERTEs), que no pueden, de forma sostenible, evitar un aumento en el desempleo. La crisis también conllevará cambios estructurales en las economías, que se pudiera traducir en insolvencias corporativas, cierres de empresas y ajustes en la utilización de los recursos productivos. En este contexto, la CE estima que la inflación se mantendrá baja en la UEM: 0,3% en el 2020 y 1,1% en el 2021, esencialmente sin cambios respecto a las proyecciones de hace dos meses.

En cuanto a los países miembros, la actualización de las previsiones revela la marcada asimetría del impacto de la crisis a lo largo de las economías europeas: la caída del PIB para el 2020 es revisada a la baja en países como Italia (en -1,7 pp, hasta -11,2%) o Francia (-2,4 pp, hasta -10,6%) y mejoradas para Alemania (en +0,2 pp, hasta -6,3%). La CE atribuye la heterogeneidad del impacto al tiempo de imposición de las medidas de confinamiento, la estructura de las economías (más intensa en servicios turísticos, por ejemplo, en los países del sur), así como la magnitud y efectividad de las medidas fiscales implementadas (próxima al 40% del PIB en Alemania). Como resultado, el ritmo de recuperación también será asimétrico por países: mientras que el PIB de Italia y Francia se encontrará aún 4% por debajo del nivel previo a la crisis a finales del 2021, la CE proyecta que el PIB alemán recuperará todo el terreno perdido ya a finales del próximo año.

Para España, la CE empeora su previsión de PIB para este año hasta una caída del 10,9%, 1,5 pp más de lo estimado hace apenas dos meses, mientras que para 2021 prevé un crecimiento del 7,1%, una décima más que en mayo. Éste será un rebote claramente insuficiente para recuperar los niveles pre-Covid; de hecho, el PIB en 2021 será aproximadamente un 4,5% inferior al de 2019. La proyección de PIB que da Bruselas para 2020 es algo más optimista que la del FMI, que prevé un retroceso del 12,8%, pero más negativa que la del Gobierno, que estima una contracción del 9,2%.

Detrás del peor panorama dibujado por la CE para España se encuentra el desplome del sector servicios, en especial las actividades relacionadas con la hostelería y el turismo, muy dañadas por las medidas de distanciamiento social. Por el contrario, la industria recuperará la normalidad más rápidamente, aunque se verá lastrada por las interrupciones en la cadena de suministro global y el debilitamiento de la demanda. En cuanto al mercado laboral, aunque Bruselas cree que el uso generalizado de los ERTEs ha amortiguado la destrucción de empleo, el elevado impacto de la crisis en los sectores más intensivos en mano de obra conducirá a un aumento significativo de la tasa de desempleo, más intenso, incluso, a medida que los ERTEs vayan expirando.

Los riesgos que rodean las proyecciones de crecimiento continúan siendo elevados e interconectados, con el balance de riesgos aún inclinado a la baja. No sorprende que, para la CE, el principal riesgo es una nueva oleada de infecciones que resulte en una reimposición de restricciones similares que en abril o mayo de este año. Por otra parte, es posible que las cicatrices principales de la crisis perduren en el tiempo más de lo esperado, especialmente si se traduce en destrucciones laborales más generalizadas e insolvencias corporativas. Estos factores, indudablemente, conducirían a una recuperación más lenta de lo estimado, especialmente si genera volatilidad en los mercados financieros y una crisis de confianza empresarial. Asimismo, la CE resalta el latente riesgo de un Brexit caótico en el 2021, en caso de que se rompan las negociaciones entre el Reino Unido y la UE en los próximos meses. En cuanto a la política económica, la CE resalta la necesidad de alcanzar un acuerdo sobre el Fondo de Recuperación Europeo (Next Generation UE), que permita canalizar recursos a las zonas más afectadas por el impacto del virus, así como de una coordinación de las respuestas de política fiscal a escala nacional. La clave será si todas las medidas de apoyo puestas en marcha por la UE y los diferentes gobiernos evitan el riesgo de fragmentación financiera y de una réplica de la crisis soberana, como consecuencia nuevamente de la desigual recuperación y de los distintos niveles de endeudamiento. En cualquier caso, el apoyo a medio plazo del BCE volverá a ser fundamental, actuando como principal cortafuegos de tensiones en los mercados de deuda de la UEM.

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