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Comentario Semanal / Un nuevo baño de realidad en Europa

Publicado el 08/11/2018

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Tras un año con fuertes decepciones en los datos de actividad en Europa, acompañados de un aumento del riesgo político, las noticias de las últimas semanas confirman que esta es la tónica que cabe esperar para los próximos meses.

Después de la sorpresa positiva que supuso la significativa aceleración de la actividad en 2017, con una fuerte aportación de la demanda externa al crecimiento, este año constituirá un nuevo baño de realidad para los que esperaban que la zona euro podría mantener de forma consistente ritmos de crecimiento del PIB cercanos al 2,5%. La paulatina pérdida de impulso de la actividad se ha confirmado en el tercer trimestre del año, cuando el crecimiento se ha situado en un magro 0,15% trimestral (1,7% en tasa interanual). Además del impacto negativo ocasionado por la entrada en vigor el 1 de septiembre de una regulación restrictiva en materia de emisión de gases en los coches (también ha afectado a la producción industrial española en septiembre), sector muy importante en la UEM, sigue pesando la incertidumbre por el Brexit, la situación política en Italia, la subida de los precios del petróleo, y, sobre todo, una normalización del sector exterior tras un comportamiento excepcionalmente positivo en 2017 (aportó 0,8 puntos porcentuales al crecimiento). Es decir, la zona euro ha sido una de las más afectadas por el enfriamiento del comercio mundial en los primeros trimestres del año, principalmente causado por el ruido que ha supuesto la errática política arancelaria en EEUU que, por otra parte, no tiene visos de cambiar a corto plazo, pese al resultado de las elecciones de mitad de mandato. En el caso de España, también se percibe ese deterioro de la demanda externa, pues la balanza por cuenta corriente registró en agosto un superávit de 1.829 millones de euros, un 28,5% menos que hace un año y el peor registro en dicho mes desde 2015. El saldo acumulado en los últimos 12 meses sigue siendo positivo, pero cae a mínimos desde principios de 2016: 14.304 millones de euros, equivalentes al 1,2% del PIB (1,8% en el conjunto de 2017).   

En cualquier caso, el problema tiene naturaleza estructural y no coyuntural, pues una vez que los vientos de cola han desaparecido o se han revertido, sin reformas de calado, tendremos que asumir que la UEM no puede crecer mucho más del 1,5% de forma sostenible. Y el máximo ejemplo es Italia, dónde el crecimiento medio en los últimos treinta años ha sido inferior al 1% (0% en el tercer trimestre). Pero el nuevo gobierno, en vez de intentar probar algo diferente (disminuir el tamaño del sector público, liberalizar sectores económicos, recuperar competitividad, etc), ha optado por más de lo mismo (elevar el gasto público), con la vana esperanza de que esta vez será diferente, abriendo de paso un conflicto con Bruselas. De momento, para un país con una deuda pública equivalente al 130% del PIB, la prima de riesgo ha aumentado en lo que llevamos de año en 130 puntos básicos, así que parece difícil que los efectos positivos del enésimo programa fiscal expansivo ni siquiera sean capaces de compensar el aumento del coste del servicio de la deuda.

De la misma forma, esta semana conocíamos dos noticias que reflejan las dificultades de avanzar en el proceso de construcción europea. La primera ha sido el bloqueo de los países nórdicos e Irlanda al deseo de Francia de establecer un impuesto europeo que grave la actividad de las compañías tecnológicas antes de que finalice el año (la famosa tasa Google). El proyecto consistía en gravar con un 3% el volumen de negocio de grandes compañías de estos sectores, a partir de una facturación global de más de 750 millones de euros.  A la espera de que la OCDE pueda consensuar una tasa global, hay una decena de países dispuestos a ir para adelante (Italia, España o Gran Bretaña, entre ellos) con o sin acuerdo a nivel europeo.  También conocíamos esta semana que los países del norte de Europa (la denominada nueva Liga Hanseática) han presentado un borrador de reforma del ESM que, a cambio de ejercer de soporte del Mecanismo de Resolución de la Unión Bancaria, tendrá acceso a toda la información económica y financiera de los países para valorar la salud de las finanzas públicas en cada momento, papel que hasta ahora ejercía en exclusiva la Comisión Europea. Es decir, ahora el control de los presupuestos se ejercería desde dos ámbitos, aumentando la presión sobre los países más díscolos. En este contexto, a la Comisión Europea no le ha quedado más remedio que reconocer que el máximo del ciclo lo hemos dejado atrás y que la zona euro irá perdiendo empuje hasta ritmos de crecimiento del 1,7% en 2020.

En este turbulento contexto europeo, los datos que se han publicado en España en las dos últimas semanas, en general, han estado en línea de lo esperado. Con algunas luces (afiliación en octubre), pero también con sombras (producción industrial en septiembre). Según la Contabilidad Nacional, la economía española mantuvo su velocidad de crucero en el tercer trimestre del año (0,6% trimestral y 2,5%) con algunos de los motores más importantes de nuestra actividad (consumo), recuperando fuerza en los meses de verano (+0,6% trimestral frente al +0,1% del trimestre anterior). Por tanto, el dinamismo de la economía vuelve a apoyarse en el vigor de la demanda interna, gracias al empuje del empleo y el repunte de las remuneraciones, y con un reequilibrio entre consumo e inversión. La parte menos positiva es que la demanda externa resta, de nuevo, crecimiento, en un contexto de deterioro del comercio mundial. Destaca el comportamiento negativo del turismo, derivado, principalmente, del menor empuje de las principales economías europeas. Es un patrón de crecimiento más desequilibrado que el de los últimos años y, en este sentido, habrá que seguir de cerca la evolución de los costes laborales unitarios, pues parece difícil que la productividad pueda compensar la subida de los salarios a partir de ahora. En el último trimestre, mientras la remuneración por asalariado aumentaba en un 1,1%, la productividad por puesto de trabajo se estancaba (-0,4% en el caso de productividad por hora trabajada) lo que ha conllevado una aceleración de la tasa de crecimiento de los costes laborales unitarios del 0,6% al 1,1%. Finalmente, comentar que los datos de afiliación del mes de octubre constituyeron una sorpresa positiva.  Tras los malos resultados de julio y agosto, la afiliación media a la Seguridad Social aumentó en octubre en 130.360 personas (+0,7% mensual), el mejor dato de la serie en dicho mes, además, en términos desestacionalizados, el aumento de la afiliación es el más intenso desde septiembre de 2007. También, en términos interanuales la creación de empleo se acelera hasta el 3,1% (+562.000 afiliados). Así que, aunque queda mucho trimestre por delante, no parece difícil, al menos repetir los ritmos de crecimiento de trimestres anteriores (0,6% trimestral).

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