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Comentario Semanal / Sin sorpresas en el comportamiento de la economía española

Publicado el 05/04/2019

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En unos primeros meses del año caracterizados por la revisión a la baja de las previsiones de crecimiento en Europa y, por tanto, de sorpresas negativas en la información que se ha ido publicando de nuestros socios comerciales, lo mejor que podemos decir para España es que los indicadores no se están desviando excesivamente de lo previsto.

De hecho, en la última revisión bimensual del consenso de FUNCAS, la previsión media de crecimiento del PIB para 2019 se mantiene sin cambios (2,2%), con prácticamente el mismo número de servicios de estudios que suben la previsión para este año con respecto al pronóstico anterior (4) que los que la reducen (3). De la misma forma, la primera lectura de las previsiones para 2020 refleja la confianza en que va a continuar la tendencia de paulatina desaceleración de la economía española. Según el consenso de analistas, el PIB crecería un 1,9% en 2019 (1,8% la previsión más baja y 2,1% la más elevada).

Por tanto, en un contexto europeo, con un marcado enfriamiento de la actividad en la segunda parte del año pasado, la economía española se ha mantenido relativamente inmune a las distorsiones ocasionadas por las tensiones comerciales en los sectores más abiertos a la competencia, con especial incidencia en el automovilístico. Esta misma semana, el FMI destacaba que la profunda integración comercial global actual aumenta el daño directo e indirecto que ocasionan las subidas de aranceles y que los países más afectados por las tensiones comerciales son Alemania y Corea.

Es cierto que las exportaciones también se han erosionado en nuestro país (prácticamente estancadas desde el segundo trimestre de 2018), pero este debilitamiento de la demanda externa se está viendo compensado por una mejora de la demanda nacional, con el consumo público y privado manteniendo un elevado dinamismo y la inversión en construcción compensando alguna señal preocupante en el componente de bienes de equipo. Por el lado de la oferta, la producción industrial vuelve a dar síntomas de debilitamiento, pues el IPI cayó en febrero un 0,3% interanual, si bien, gracias al buen dato de enero, el promedio en lo que llevamos de primer trimestre es positivo (+1,2% vs -2,7% en el 4T18). Sin embargo, el buen comportamiento de las ramas de servicios (+0,8% trimestral en el 4T) y de la construcción (+1% trimestral) están permitiendo compensar la debilidad de la industria.

Por tanto, el cambio de composición del crecimiento, propiciado por una política económica expansiva (tanto monetaria como fiscal), ha permitido mantener ritmos de crecimiento trimestrales del 0,6% a lo largo del último año (con la excepción del 0,5% del 3T de 2018), frente al marcado enfriamiento de países como Alemania o Italia. Eso sí, la sensación es que estamos ante un patrón menos equilibrado, como refleja la caída de la productividad por empleado desde el verano (-0,3% en el 4T) o la reducción de la capacidad de financiación de la economía española, hasta sólo el 1,5% del PIB en 2018 (mínimos desde 2014). En este sentido, para reducir la deuda externa y lograr un crecimiento dinámico y sostenible en el tiempo, es fundamental mantener el nivel de ahorro interno por encima de la inversión. Lo más preocupante no es el descenso de la capacidad de financiación, sino el cambio de inercias. En el caso de las familias, el consumo lleva cinco años creciendo por encima de la renta bruta disponible, lo que ha situado la tasa de ahorro en el 4,9% de la renta, mínimo en al menos dos décadas. Como, además, se produce un repunte de la inversión de los hogares (+16%, hasta 49.170 millones), la necesidad de financiación de las familias se eleva a 14.800 millones el pasado año, triplicando la cifra de 2017 (-1,2% del PIB frente a -0,4%). En el caso del sector público, la necesidad de financiación se redujo medio punto hasta el 2,6%, aunque, como ha recordado el BCE en su informe anual, la corrección se ha producido gracias al ciclo, mientras el déficit estructural se mantiene en niveles elevados. De esta manera, es la capacidad de financiación de las empresas financieras y no financieras (5,3 p.p. de PIB) la que permite que la economía española, en su conjunto, siga presentando niveles de ahorro interno superiores a los de inversión, una señal indispensable para una economía que todavía tiene una posición deudora neta equivalente al 77,2% del PIB. El problema es que, sin muchos cambios en la inercia de las familias (no es esperable, ni deseable a corto plazo un aumento del ahorro precaución), sólo el sector público puede compensar el moderado descenso en la capacidad de financiación de las empresas que se anticipa para los próximos trimestres.

La parte positiva es que el mercado de trabajo sigue anotando un elevado dinamismo, pues el dato de afiliación volvió a sorprender en marzo, al crearse 155.104 empleos (el tercer mejor dato de la serie en marzo), lo que ha situado la cifra de afiliados por encima de 19 millones de trabajadores, a falta de poco menos de 400.000 empleos para recuperar los niveles perdidos en la última crisis. En términos trimestrales, la creación de empleo de enero a marzo (+0,7%) es ligeramente inferior a la del último trimestre de 2018 (+0,9%), mientras, en términos desestacionalizados, el comportamiento en marzo fue muy positivo (+58.611 empleos).

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