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Comentario Semanal / Mercados financieros recuperando terreno

Publicado el 15/03/2019

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El comportamiento de los mercados financieros durante el primer trimestre del año ha desafiado a los malos datos de actividad, a las drásticas revisiones a la baja de las previsiones de crecimiento, a la convulsa escena política, teniendo en cuenta los frentes heredados del pasado que permanecen abiertos (Brexit, conflicto comercial entre EEUU y China, etc) y la acumulación de procesos electorales de gran importancia en los próximos dieciocho meses.

Sin embargo, mirando los datos acumulados desde principios de año, todas las categorías de activos (excluyendo la liquidez) experimentan importantes revalorizaciones y, lo que es más importante, si el horizonte de comparación lo ampliamos a doce meses, también los resultados serían positivos, con la excepción de algunos mercados de renta variable (UEM, España, emergentes) a los que les quedaría entre un 2% y un 3% para volver a rentabilidades interanuales positivas. La conclusión es que se ha salvado el "match ball" de los dos últimos meses del año cuando la sensación era que nos encontrábamos ante el inicio de un mercado bajista que anticipaba fuertes correcciones en el corto plazo.

¿Qué podría explicar este cambio de comportamiento en los mercados? 1) La sensación de que el enfriamiento cíclico no va a ir a más y, por tanto, no es el preludio de una recesión inminente. Es cierto que el primer trimestre de 2019 puede ser el de menor crecimiento de la actividad desde 2015, debido al descenso de los intercambios comerciales mundiales (-1,7% en tasa mensual en diciembre) y sus efectos sobre la producción industrial. Pero, por el contrario, el sector servicios sigue mostrando solidez, el empleo sigue dando buenas noticias (el dato de EEUU en febrero debería ser una anomalía) y el consumo en buena parte de la OCDE no da muestras de desfallecer. Esta semana conocíamos buenos datos de ventas minoristas en EEUU (+1,1% en enero sin las partidas más volátiles) mientras se acumulan las señales de subidas salariales por encima del 2% en buena parte de la OCDE. Incluso, en algunos segmentos de actividad que suelen dar señales adelantadas (vivienda en EEUU) y que habían flojeado en los últimos meses de 2018, se ha producido una clara mejoría en los datos de enero. Así que, si, como cabe esperar, se produce un acuerdo arancelario entre EEUU y China, el comercio y el sector industrial deberían estabilizarse a partir del segundo trimestre y el crecimiento mundial podría avanzar a ritmos próximos a los potenciales, al menos hasta el primer semestre del año que viene. 2) Los niveles de ahorro globales siguen siendo muy elevados y no parece que las rentabilidades potenciales en los proyectos de inversión sean suficientes para compensar a los ahorradores. Ello, unido al hecho de que la liquidez sea la única categoría de activos con rentabilidad negativa en lo que llevamos de año, está contribuyendo a una rotación de las carteras en la que se está incrementando la exposición al riesgo. 3) Sobre todo, porque por enésima vez en este ciclo los bancos centrales vuelven al rescate de los mercados cuando perciben que se acercan al abismo. Unos de manera directa (Banco de Japón) y otros reduciendo la incertidumbre ("put Powell/Draghi") y, por tanto, permitiendo alinear las estrategias de inversión con las de los propios bancos centrales.

¿Y a partir de ahora qué? Todo dependerá de cuánto pueda durar la capacidad de la nueva alquimia monetaria a la hora de convencer a los inversores de que los riesgos están controlados y, por tanto, de que no hay problemas de estabilidad financiera en el horizonte. Y, sobre todo, del perfil que siga el ciclo de actividad en los próximos años. Más allá del momento del próximo parón en el crecimiento, algo imposible de predecir, (aunque sí parece que la próxima recesión será mucho más suave que la última), lo importante es si nos encontramos ante un escenario de largo plazo caracterizado por un "estancamiento secular" (como en Japón en las últimas décadas) o si, por el contrario, la innovación ligada a la digitalización de las economías (inteligencia artificial, etc) antes o después redundará en un aumento de la productividad total de los factores y, por tanto, del crecimiento potencial y de la riqueza. Aunque lo más probable es que haya países/regiones en ambos grupos, dependiendo de las decisiones de política económica que se tomen en los próximos años.

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