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Comentario Semanal / Las tensiones comerciales vuelven a elevar la incertidumbre

Publicado el 10/05/2019

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Tras los alentadores datos de crecimiento del primer trimestre que, en muchos casos, supusieron una sorpresa positiva, permitiendo compensar el desánimo inoculado por las continuas rebajas de previsiones de los primeros meses del año, la reapertura de hostilidades en la negociación comercial entre EEUU y China ha vuelto a derramar un jarro de agua fría sobre las expectativas de los agentes.

Este aumento de la incertidumbre se está traduciendo en caídas acumuladas en lo que llevamos de mes en los mercados de valores de entre el 2,5% y el 5% y una caída de las rentabilidades de la deuda pública (-6 p.b. en media), con la excepción del bono italiano (+13 p.b.), perjudicado por la inestabilidad dentro de la coalición de gobierno y por el empeoramiento de las perspectivas fiscales provocado por la rebaja de las previsiones de crecimiento efectuada por la Comisión Europea. Por tanto, rápidamente se ha diluido el efecto positivo de unos datos de crecimiento de enero a marzo que superaron las expectativas. En el caso de la UEM, el aumento del crecimiento del PIB del 0,2% al 0,4% trimestral, permite rebajar el riesgo de recesión en países como Italia (+0,2% trimestral) o Alemania, donde todavía no se han publicado los datos del primer trimestre, aunque todo hace pensar que estarán cerca del +0,3%. De la misma forma, la lectura del crecimiento en EEUU en el primer trimestre también superó las previsiones (+0,8% trimestral y 3,2% anualizado), aunque bien es cierto que la mayor parte de la aceleración se debió a la excepcional aportación de la demanda externa (1,0 p.p. anualizados) y de la acumulación de existencias (0,7 p.p.), mientras el consumo se moderó de forma apreciable (1,2% frente al 2,5% del cuarto trimestre de 2018). Por tanto, lo lógico es pensar que, en lo queda de año, el crecimiento del PIB americano se debería mover en la banda del 2,0%/2,5%, ritmos que, con la tasa de paro en mínimos de las últimas décadas, permitirían consolidar el giro estratégico que la FED implementó a finales de diciembre y que habría explicado buena parte del comportamiento de los mercados en el primer cuatrimestre.

Sin embargo, detrás de las decisiones de los inversores se encontraba la hipótesis de que la escalada de las tensiones comerciales ya se había frenado y que lo lógico era anticipar algún tipo de acuerdo en las negociaciones entre EEUU y China. Pero la telegrafiada subida del 10% al 25% de los aranceles que aplica EEUU a productos importados desde China por valor de 200.000 millones de dólares ha vuelto a reavivar las dudas y las tensiones. Además, Trump ha amenazado con extender el arancel del 25% a bienes por valor de otros 325.000 millones de dólares, lo que prácticamente gravaría todos los productos que vende China en EEUU. De esta manera, el arancel medio americano ya es del 4%, más del doble que en el resto de países OCDE y superior al de la mayoría de países emergentes, con la excepción de Brasil o India.

 Aunque la información sobre el estado de las negociaciones es muy limitada, parece que los problemas se centran en dos aspectos fundamentales para EEUU: la protección de la propiedad intelectual y las transferencias forzadas de tecnología en las empresas de capital mixto ubicadas en China. Estamos ante el clásico ejemplo en el que se tienen que afrontar situaciones complejas con decisiones binarias, lo que implica un aumento exponencial de la incertidumbre cuando el tiempo de la negociación se va agotando. La pregunta es: ¿quién pierde más en caso de que se rompan las negociaciones? En principio, ninguna de las dos economías se encuentra en la mejor posición dentro del ciclo de actividad. En EEUU, porque la madurez del ciclo de negocios es un hecho y, pese a la sorpresa positiva del primer trimestre antes comentada, lo lógico es esperar un debilitamiento de la actividad según el efecto de las medidas fiscales puestas en marcha el año pasado se vaya diluyendo. China también se encuentra en una fase de aterrizaje de la actividad que, de momento, no se está produciendo de manera brusca, pero sí que amenaza los objetivos del gobierno para los próximos años. De momento, los primeros cálculos que se han hecho por académicos americanos sobre las subidas de aranceles del año pasado, estiman su coste entre 1.500 y 2.000 millones por mes, ya que la mayor parte de la subida del precio la están asumiendo los consumidores y empresas americanas y no los exportadores chinos. Sin embargo, lo más preocupante es que algunos productores ya están empezando a realizar cambios en la ubicación de sus plantas de fabricación y esa alteración de cadenas de valor optimizadas en las últimas décadas no va a ser inocua ni para el comercio, ni para los flujos de inversión, ni para los sectores más competitivos de las economías occidentales. Ese cambio estructural en la oferta mundial puede ser un riesgo definitivo para el ciclo de actividad. Esperemos que impere la sensatez, pero, más allá de soluciones de corto plazo para parar la hemorragia en términos de confianza empresarial y estabilidad financiera, estamos ante el primer capítulo de una historia que se va a alargar en el tiempo, con picos puntuales de incertidumbre. Historia que siempre se inicia cuando una potencia emergente amenaza la hegemonía del último líder.

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