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Comentario Semanal / La economía española mantiene el tipo

Publicado el 01/02/2019

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La abundante información publicada durante la semana (EPA, Contabilidad Nacional, ventas minoristas), permite actualizar el diagnóstico sobre cómo se está comportando la economía española en el complejo entorno internacional de los últimos doce meses.

La primera idea es que la desaceleración del crecimiento medio (2,5% en 2018 frente a un 3% en 2017) ha sido algo superior a lo esperado, pero inferior a la pérdida de impulso de la zona euro (1,8% frente a 2,5% en 2017), de manera que el diferencial de crecimiento con nuestros socios comerciales se ha ampliado. Especialmente en el último trimestre del año, cuando el crecimiento de nuestra economía, prácticamente, triplicó al de la UEM (0,7% frente a 0,2%), con un país tan importante como Italia entrando en recesión técnica. Por tanto, en términos relativos, el impacto negativo del empeoramiento del escenario internacional ha sido más suave en nuestro país, lo que refleja una menor fragilidad de nuestros sectores productivos ante "shocks adversos". En segundo lugar, el ritmo de avance del empleo en 2018 (+2,5% y 463 mil empleados creados) explicaría en su totalidad el incremento de la actividad. La parte positiva es que esta recuperación, intensiva en creación de empleo, está permitiendo restañar los efectos de la crisis sobre el mercado laboral. Pero, a cambio, nos encontramos con un crecimiento nulo de la productividad en 2018 (y negativo en la segunda parte del año) que se hace difícil de explicar en estos tiempos de cambio tecnológico, más allá del consabido efecto composición. En tercer lugar, el crecimiento en 2018 ha sido menos equilibrado, pues mientras la aportación de la demanda nacional fue equivalente a la de 2017 (2,9 puntos porcentuales), la demanda externa pasó de contribuir positivamente en 2017 (+0,1 p.p.) a restar cuatro décimas a la actividad en los últimos doce meses. También se debe reseñar que, por el lado de la oferta, se ha registrado durante el año un buen comportamiento de las ramas agrícolas (+1,8% frente a -0,9% en 2017) y de servicios (2,6%) y un enfriamiento muy marcado de la industria (1,2% frente a 4,4% en 2017), afectada por las distorsiones en los flujos comerciales provocadas por la guerra arancelaria. Finalmente, se debe destacar el aumento de la remuneración por asalariado a lo largo del año que, junto a la caída de la productividad, impulsan los CLUs (+1,6% en el 4T).

Pero en tiempos tan convulsos y volátiles como los actuales, para tomar el pulso del ciclo de negocios, se hace necesario analizar las inercias de corto plazo y, por tanto, los datos de crecimiento trimestral, aun corriendo el riesgo de que algunas señales sean poco sólidas al reflejar la volatilidad de las expectativas. Atendiendo a los últimos datos conocidos, llama la atención la aceleración del ritmo de crecimiento trimestral del PIB hasta el 0,7% después de tres trimestres creciendo a ritmos del 0,6%. Detrás de ese comportamiento se encuentra una menor aportación al crecimiento del consumo privado (+0,5% frente a 0,8%) y la inversión (-0,2% frente a +0,8%) frente a una mayor presencia de las exportaciones (+1,9% frente a -0,9%) y del consumo público (1,2% frente a 0,8%). Por tanto, en el lado negativo de la balanza situaríamos a la inversión y, sobre todo, al componente de maquinaria y bienes de equipo (-1,5% frente a +0,8% en el tercer trimestre), reflejando un empeoramiento de las expectativas empresariales, mientras la sorpresa positiva es la mejora de las ventas al exterior de bienes y servicios en la última parte del año. Por el lado de la oferta, las ramas industriales encadenan dos trimestres de crecimientos negativos, reflejando las dificultades por las que está pasando el sector en Europa desde el verano, mientras servicios mantiene la velocidad de crucero de los últimos trimestres (+0,8%) y la agricultura se recupera en los meses finales del año (+5,3% trimestral), tras un mal desempeño en el trimestre anterior (-3,4%).

Finalmente, el ritmo de creación de empleo se acelera una décima en términos interanuales hasta el 2,6%, lo que supone casi 463.000 puestos de trabajo equivalentes a tiempo completo (PTETC) en el último año. Este buen comportamiento del mercado de trabajo lo refrendó la Encuesta de Población Activa (EPA) con el mejor dato en un cuarto trimestre desde 2015 (+36.600 ocupados). Además, el balance anual (+566.00 empleos) es el mejor en 12 años y el paro se reduce hasta el 14,4% de la población activa. Por tanto, la fotografía del año 2018 nos muestra a una economía que va perdiendo impulso y acercándose a los ritmos de crecimiento potenciales, pero mostrando un elevado grado de resistencia a shocks externos, dentro de un modelo de crecimiento intensivo en empleo y baja productividad.

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