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Comentario Semanal / La Comisión Europea muestra tarjetas de todos los colores

Publicado el 23/11/2018

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La Comisión Europea ha dado el primer paso esta semana para abrir a Italia el procedimiento de déficit excesivo que podría terminar con una multa de hasta el 0,5% del PIB, un hecho sin precedentes en Europa. En el plazo de dos semanas, los países del euro deberán certificar la propuesta de la Comisión y, a partir de ese momento, se abre un período de tres meses para que las autoridades italianas efectúen las correcciones solicitadas en el escenario presupuestario.

La prima de riesgo italiana cerró la semana en el entorno de 300 puntos básicos, con picos de hasta 330 puntos básicos, lo que refleja que los inversores todavía confían en que no se producirá el choque de trenes. Algo que no parece tan sencillo si el gobierno italiano mantiene el paquete de aumento del gasto (renta ciudadana, pensiones, etc), que totaliza casi 20.000 millones de euros y que es especialmente importante para el Movimiento Cinco Estrellas. Lejos de la infracción grave que suponen las cuentas italianas, la Comisión Europea mostró la tarjeta amarilla a otros cinco países (España, Francia, Bélgica, Portugal y Eslovenia) por no hacer el suficiente esfuerzo en la reducción del déficit público estructural; es decir, aquella parte que no tiene en cuenta los efectos del ciclo económico.

En el caso de España, el teórico esfuerzo fiscal objetivo del 0,65% se había reducido al 0,4% pero, aun así, se estima muy improbable su cumplimiento, pues Bruselas anticipa que el incremento de los ingresos será equivalente al 0,4% del PIB (0,6% estimado por el gobierno), mientras el de los gastos se situará en el 0,3% del PIB (0,2% estimado). Por tanto, que el déficit estructural permanecería en el 3,1% del PIB, frente al 2,6% objetivo. Según la Comisión Europea, el esfuerzo de ajuste del déficit estructural se interrumpió en España en 2014 en niveles equivalentes al 1,55% del PIB; desde entonces, con la excepción del año 2017, no ha dejado de aumentar hasta el 3,1% con el que terminaremos este año (6 décimas más que lo estipulado en el Plan de Estabilidad de 2018).

Finalmente, reseñar, en el lado positivo, que Bruselas certifica que Grecia cumplirá con el objetivo de superávit primario el año que viene (3,5% del PIB), lo que hará innecesario aplicar los nuevos recortes acordados en caso de necesidad. También el FMI y la OCDE han publicado informes a lo largo de la semana, en los que, además de rebajar las previsiones de crecimiento de España para 2019 (2,2%, en ambos casos), se muestran críticos con algunas decisiones tomadas en los últimos tiempos, especialmente, en el ámbito de las pensiones, aunque con visiones diferentes de los efectos de otras medidas, como la subida del SMI. En general, el mensaje sigue siendo el mismo: aún con aumento de los riesgos en el horizonte, el crecimiento seguirá situándose por encima del potencial, lo que debería aprovecharse para recuperar grados de libertad de la política económica. La incertidumbre y los riesgos a la baja aconsejan ser cautelosos

En este contexto, la semana ha mostrado la enésima señal de nerviosismo en los mercados financieros de los últimos meses. Los fuertes ajustes en los precios de las compañías tecnológicas americanas (NASDAQ cae un 15% desde máximos), la subida de los spreads en los bonos corporativos (especialmente de compañías energéticas) y las fuertes caídas en el precio del petróleo reflejan que el nerviosismo sigue presente. Como decíamos la semana pasada, en el ámbito geopolítico no se ha producido ninguna novedad que disminuya la presión en el lado de los riesgos, mientras tampoco ha habido sorpresas positivas en el lado de los datos macro. La duda es si detrás de estos ajustes sólo estamos viendo el empeoramiento de la coyuntura económica y la elevación del ruido político o debilidades propias de los mercados. Si es lo primero, los intensos ajustes de precios nos habrían llevado a valoraciones atractivas, en el caso de que se cumplan las previsiones de crecimiento, después de las revisiones a la baja de las últimas semanas. Pero, de momento, es mejor ser cautelosos teniendo en cuenta que, en la información conocida en las últimas semanas, hemos tenido un poco de todo: 1) la temporada de resultados en EEUU ha finalizado con un aumento del beneficio por acción del 28% (+8% respecto a previsiones); 2) las cinco mayores compañías tecnológicas americanas aprovecharon las rebajas fiscales  de Trump (incluyendo la posibilidad de repatriar beneficios en condiciones ventajosas) para comprar sus propias acciones por un valor total de 115.000 millones de dólares de enero a octubre (doblando la cantidad utilizada para comprar acciones en todo el año 2017), mientras la cantidad de dinero dedicada a inversión fue sólo de 42.600 millones de dólares; y 3) intensas caídas en el segmento de bonos basura, con subida de los CDS (Credit Default Swaps), hasta máximos de finales de 2016.

Quizás se empieza a pagar el excesivo peso que ha tenido la política monetaria en la recuperación y la evidencia de que, fuera de EEUU, nadie puede tomar el relevo de los bancos centrales en caso de problemas. Lo más sabio, en este contexto, es tener liquidez, paciencia y estrategias flexibles que se puedan adaptar a cambios en el entorno.

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