Saltar navegación. Ir directamente al contenido principal (Tecla de acceso S)

Búsqueda avanzada

Está usted en:

Comienza el contenido principal

 

Comentario Semanal / España vuelve a obtener capacidad de financiación

Publicado el 01/03/2019

Descargar documento completopdf

La balanza por cuenta corriente o, para ser más exactos, la balanza de pagos, constituye uno de los mejores termómetros para medir la temperatura de una economía, pues de su análisis podemos inferir desde si los agentes económicos ahorran lo suficiente, hasta como está evolucionando la confianza de los inversores internacionales.

De hecho, entre los aspectos más saludables de la actual etapa expansiva de la economía española se encuentra la compatibilidad de un elevado dinamismo de la actividad con el mantenimiento de un superávit de la balanza por cuenta corriente. Ese mantenimiento, durante tanto tiempo, de la capacidad de financiación refleja que la expansión se está realizando sin demasiados desequilibrios (lo que, teóricamente, permitiría alargar la etapa de bonanza) y es especialmente importante para una economía como la nuestra, que sigue teniendo una ratio de deuda externa neta muy elevada.

En este sentido, el año 2018 se volvió a cerrar con un superávit de la balanza por cuenta corriente de nuestro país equivalente a 10.145 millones de euros (0,8% del PIB). Sin embargo, el saldo positivo se ha reducido en un punto porcentual de PIB respecto a 2017, lo que nos ha llevado al registro más débil en los últimos seis años, como consecuencia del deterioro de la demanda externa, en un contexto internacional marcado por el enfriamiento del comercio, el debilitamiento de nuestros socios europeos y la recuperación de destinos turísticos competidores. El deterioro del sector industrial en las economías del norte de Europa está afectando a todas las cadenas de valor regionales e impactando en una economía como la española que cada vez tiene un mayor grado de apertura con el exterior, como refleja el elevado peso de nuestras exportaciones en términos relativos (33,9% del PIB), si lo comparamos con el de Italia (31,1%) o Francia (31,4%). Además, nuestra, cada vez mayor, imbricación en las cadenas de valor se pone de manifiesto cuando comprobamos que las importaciones y exportaciones de bienes intermedios no energéticos se aproximan a los 150.000 millones de euros en términos anuales. En definitiva, el deterioro de la balanza por cuenta corriente vendría explicado, en buena parte, por el mal comportamiento del saldo comercial, tanto en el componente energético, cuyo déficit aumentó un 21,3% hasta 25.132 millones, el más alto en tres años, como, sobre todo, el no energético, que duplicó su déficit hasta 8.708 millones de euros, el peor registro desde 2010. Por su parte, el superávit de la balanza de turismo se redujo levemente (0,3% hasta 40.455 millones), siendo la balanza de rentas la única que mejora, al reducir su déficit un 1,3% hasta 11.955 millones, reflejando el benigno contexto de tipos de interés para los países endeudados y la evolución del tipo de cambio a lo largo del año. Como hemos comentado en semanas anteriores, la clave es si estamos ante un parón momentáneo en el ciclo industrial europeo y global o nos encontramos ante un cambio de tendencia. Independientemente de que seamos más o menos optimistas, no sería buena idea, a estas alturas del ciclo, descuidar el comportamiento de nuestros costes laborales unitarios, teniendo en cuenta lo que nos costó recuperar la competitividad pérdida en la primera parte de la década pasada.

En cuanto a la balanza financiera, por cuarto año consecutivo, las inversiones de españoles en el exterior superaron a las de extranjeros en España, lo que arroja un saldo neto positivo de 38.427 millones de euros. Esta salida neta de fondos es necesaria para reducir nuestro elevado endeudamiento externo neto. De hecho, en el marco del procedimiento de déficit excesivo publicado esta semana por la Comisión Europea se sigue calificando nuestra posición de inversión internacional neta como muy negativa (80,7% del PIB), pues deja al país expuesto a perturbaciones adversas o cambios en la confianza del mercado, lo que podría dar lugar a un endurecimiento de las condiciones de crédito. No parece que vaya a ocurrir nada parecido a corto plazo, como refleja el retorno de la prima de riesgo a niveles cercanos a 100 puntos básicos esta semana o el aumento de la inversión directa neta recibida por parte de no residentes en 2018 (+38.236 millones), casi seis veces más que el año anterior y la cifra más alta desde 2013. Y es que, en Economía, las comparaciones no suelen ser odiosas.

Acceder a los números anteriores

Bankia Estudios

Compartir:

Síguenos

Actualidad

Fin del contenido principal