Saltar navegación. Ir directamente al contenido principal (Tecla de acceso S)

Búsqueda avanzada

Está usted en:

Comienza el contenido principal

 

Comentario Semanal / Entrando en la fase de madurez del ciclo económico

Publicado el 05/10/2018

Descargar documento completopdf

La caída de la confianza de los consumidores en España durante el mes de septiembre, hasta los mínimos desde 2016, refleja que el ruido de las últimas semanas puede estar afectando a las expectativas de los agentes. Este mayor pesimismo de las familias o de los empresarios de sectores industriales no se percibe en otras ramas de actividad, como servicios o construcción, reflejando que el debilitamiento de la actividad está teniendo su origen en el consumo y en las exportaciones.

En este sentido, lo que ya podemos afirmar a estas alturas del año es que nos encontramos en una nueva etapa dentro de la fase cíclica expansiva que se inició en el verano de 2013. Después de casi cuatro años creciendo a ritmos superiores al 3%, duplicando las estimaciones de crecimiento potencial, la economía española habría entrado en una nueva etapa, con ritmos de avance medios algo superiores al 2,5% este año, que podrían llevarnos a la zona del 2,2%/2,3% en 2019. Si comparamos estos datos con nuestras previsiones de hace un año, estaríamos un par de décimas por debajo de lo esperado para 2018, pero prácticamente mantendríamos sin cambios la previsión para 2019. Por tanto, esta pérdida de impulso no puede decirse que haya constituido una sorpresa negativa, sobre todo, si tenemos en cuenta que el precio del petróleo se encuentra 20 dólares por encima de la previsión media de diciembre de 2017 y que la beligerante actitud de la administración americana en el tema arancelario ya está provocando distorsiones en los flujos comerciales y de inversión directa globales. Además, existen otros focos de inestabilidad de los que escribimos la semana pasada, como Italia o el endurecimiento de la política monetaria en EEUU. Por tanto, la senda de paulatina desaceleración de la actividad en nuestro país constituye la evolución natural del ciclo, tras el extraordinario viento de cola que supuso tanto el favorable contexto externo, como el efecto reposición de bienes duraderos.

Y, a partir de ahora, ¿qué? No hay razones para pensar que esta etapa de madurez con crecimientos trimestrales del 0,5%/0,6% no se pueda alargar en el tiempo. Es cierto que los riesgos a la baja del escenario central han aumentado, pero sin nuevas perturbaciones negativas procedentes del exterior, que puedan suponer empeoramientos drásticos en el comportamiento de variables como el petróleo, la inercia continúa siendo moderadamente positiva. Algo que debería ser aprovechado para reforzar la solidez de nuestra economía. Es evidente que el consumo no volverá a crecer a ritmos superiores al 2%, pero tampoco cabe esperar un intenso aumento del ahorro-precaución a corto plazo, que implique un brusco ajuste a la baja de las decisiones de compra de las familias. De la misma forma, la estabilidad que siguen mostrando los CLUs (costes laborales unitarios) implicará que, a poco que Europa recupere ritmos de crecimiento del 0,4%/0,5%, las exportaciones podrían superar el bache del primer semestre. Hay que tener en cuenta, además, que la construcción puede aumentar su aportación al crecimiento y que el sector turístico cerrará el año muy cerca de los máximos del año pasado, que se alcanzaron gracias a una coyuntura extraordinariamente favorable.  

Los indicadores publicados en las últimas semanas irían en esa dirección. Tras la sorpresa negativa de los meses de junio y julio, los últimos datos muestran una mejoría en la última parte del trimestre. En primer lugar, la afiliación media a la Seguridad Social aumentó un 0,1% el mes pasado (+22.899 personas), en lo que constituye el segundo mejor septiembre de la serie; además, el dato ajustado de estacionalidad (+50.800) ha sido el más positivo de los últimos tres meses. Es decir, aunque la fotografía completa del trimestre muestra una desaceleración de la ocupación (+0,4% frente al +0,8% del segundo trimestre), la evolución ha sido de menos a más. También las ventas minoristas experimentaron una ligera mejoría en agosto (+0,3% en tasa interanual) frente a la atonía de meses anteriores. En cualquier caso, el dato agregado oculta una elevada divergencia por tipos de bienes, modos de distribución o localización. Hay que destacar el vigor que mantienen las ventas de equipo del hogar (+4,8%, el mayor avance desde marzo), en grandes cadenas (+1,6%) y en la Comunidad de Madrid (+2,3%). Finalmente, la producción industrial pone fin a la senda de ralentización observada en la primera mitad del año, fruto, en parte, del menor dinamismo de nuestros mercados de exportación. Tras tocar suelo en junio, con el menor crecimiento en 15 meses (+0,5% interanual), mantiene un ritmo del 1,2% en julio-agosto.

La parte menos positiva de la información conocida en las últimas semanas es que el ahorro de las familias se redujo un 13% hasta 24.514 millones de euros en el segundo trimestre del año, el peor registro en este periodo de la última década. En términos anuales el ahorro, marca un nuevo mínimo histórico: 33.672 millones, el 4,7% de la RBD (5,5% en el conjunto de 2017). De manera que, en lectura anual, las familias pasan a tener nuevamente necesidad de financiación (13.168 millones de euros o un 1,1% del PIB), al superar la inversión (compra de vivienda) al ahorro. Ello implicaría el final del proceso de desapalancamiento de estos agentes. Todo lo anterior, vuelve a poner de manifiesto, en pleno debate sobre la sostenibilidad del sistema de pensiones, la necesidad de estimular el ahorro a largo plazo en nuestro país, algo que nos permitiría, además, incrementar nuestro esfuerzo inversor sin necesidad de volver a apelar a la financiación externa, que es la principal vía para intentar reducir la brecha de productividad que mantenemos con nuestros socios comerciales, como nos acaba de recordar el FMI.

Acceder a los números anteriores

Bankia Estudios

Compartir:

Síguenos

Actualidad

Fin del contenido principal