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China / Un nuevo virus abre otro frente en el crecimiento global

Publicado el 24/01/2020

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Los temores sobre una posible pandemia por un nuevo coronavirus explican el pesimismo de los mercados en los activos emergentes, de cara al inicio del Año Lunar chino. De momento, el impacto del virus se ha mantenido relativamente contenido, si bien episodios similares en las últimas décadas sugieren que el riesgo de un contagio masivo tiende a ser no lineal (y por lo tanto subestimado), mientras los posibles daños económicos pueden ser no despreciables. La propagación del virus se ha convertido en el riesgo más importante para el crecimiento chino y global en el corto plazo.

El origen del virus se encuentra en la ciudad de Wuhan en China, con el primer caso de infección reconocido a principios de año. En cuestiones de semanas, el virus se ha cobrado la vida de 25 personas, con más de 800 infectados, y ya se está produciendo contagio a otros países asiáticos (incluyendo Japón, Corea del Sur y Singapur) e incluso a EEUU (un caso hasta ahora). El gobierno chino ha restringido el acceso y la salida de las principales zonas afectadas para tratar de frenar la rápida propagación.

Los mercados financieros han respondido con una venta de activos emergentes, principalmente en China: el índice bursátil de referencia chino CSI 300 ha caído 4% y el de Hong Kong Hang Seng 3%. Por su parte, el yuan ha perdido parte de las ganancias que logró a finales del 2019 en respuesta del acuerdo comercial alcanzado con el gobierno de EEUU (se ha depreciado 1,2% esta semana). El precio del petróleo también ha cedido notablemente: el barril de referencia Brent ha caído esta semana en 4%.

Cabe resaltar que, de momento, el alcance de contagio del virus se ha mantenido relativamente contenido.  El brote de la epidemia SARS (asociado al Síndrome Respiratorio Agudo Severo) a principios del año 2003, por ejemplo, se extendió a 37 países, con 8.100 casos de infección y 774 muertes. Los datos implican una tasa de mortalidad en torno al 10%, lo que sería sustancialmente superior al 3% asociado al reciente brote.  Además, en esta ocasión, el gobierno chino ha optado por acelerar su comunicación y nivel de acción ante la nueva amenaza. La Organización Mundial de la Salud (OMS) también descartó esta semana declarar el virus como una amenaza mundial.

En nuestra opinión, sin embargo, la posible propagación del virus se ha convertido en el riesgo más importante en el crecimiento chino y global a seguir en el corto plazo:

•·         En primer lugar, el riesgo de una transmisión masiva suele seguir una evolución no lineal, que, por lo tanto, tiende a ser subestimado. Así como vimos en el episodio del SAAR, en cuestiones de dos meses, el virus evolucionó de un brote local a una pandemia con escala global. De hecho, el desarrollo de medios de transportes domésticos en China, así como la mayor conectividad mundial en la actualidad, pudiera sugerir un ritmo de propagación más elevado.

•·         Segundo, el impacto económico pudiera ser no despreciable, tanto a nivel regional en Asia como para el resto del mundo. Las pérdidas asociadas en al caso SAAR se estiman en torno a 40.000 millones de dólares a nivel global, lo que representó 0,1% de crecimiento mundial. Para China solamente, el impacto ha sido estimado en torno al 1% del PIB, en Hong Kong en 2% (ver gráfico). Los sectores más expuestos son el turismo, la hostelería, el transporte, el comercio minorista y el mercado de lujo. En la actualidad, estos sectores tienen un peso mucho mayor en la economía china que en 2003.

•·         La economía global se encuentra hoy en día en una posición más vulnerable respecto al 2003: el crecimiento global en 2019 de 2,5% ha sido el más bajo desde la crisis financiera del 2008-09, mientras siguen dominando los riesgos a la baja.

•·         China, en particular, afronta varios factores en contra, como la guerra comercial con EEUU, los disturbios en Hong Kong y los efectos de la fiebre porcina. Además, el margen de respuesta de política económica, tanto fiscal como económica, es menor que en 2003, cuando la economía no presentaba problemas de exceso de endeudamiento.

Es extremadamente difícil predecir la evolución y la escala de este nuevo virus en China y en la economía global: los diagnósticos pueden cambiar repentinamente. De momento, no debemos despreciar la magnitud de este nuevo riesgo y resulta oportuno seguir su evolución en el corto plazo. Un shock negativo producto de una desaceleración significativa de la demanda interna en China tendría un impacto importante en el atenuado comercio internacional, lastrado ya por la guerra comercial y la debilidad de la industria manufacturera.         

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